29 mar 2020

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OPUS MEI

El primer Gobierno de José María Aznar posa en la Moncloa, en 1996.

Cómo nos verán desde el 2016

Josep Pernau

El histórico periodista de EL PERIÓDICO DE CATALUNYA Josep Pernau, fallecido en el 2011, publicó este artículo el 11 de septiembre de 1996.

 

Vivimos ilusionadamente hace 20 años y hoy se conmemora uno de aquellos momentos de esperanzada emoción colectiva. Fue el Onze de Setembre en Sant Boi, primero en el se nos permitía lo que había estado prohibido. La transición política española fue una sucesión de ilusiones, que vivimos en plenitud.

¿Qué recordarán las jóvenes generaciones actuales en el año 2016 de 20 años atrás? ¿Serán las privatizaciones, los 20 duros por receta a los jubilados, las tasas en las autovías o una Ley de Secretos Oficiales que empezó a restringir la libertad de información? El panorama es más bien desolador y no parece que nuestras inquietudes actuales puedan ser motivo de conmemoración. La derecha española podría conmemorar que fue el año en que un señor con bigote, que era de los suyos, llegó a la presidencia del Gobierno, pero del que pronto empezaron a sentirse desencantados. Los nacionalistas catalanes podrían recordar que el pactismo les hizo más influyentes en Madrid. Los del PP en Catalunya podrían evocar la autoinmolación de un señor de voz ronca al que el señor del bigote no quiso recibir. Los socialistas catalanes podrían recordar sus disputas internas entre capitanes y barones en la busca de un nuevo líder. A su izquierda, los psuqueros que queden podrían evocar el peso que tuvieron 40 años atrás, sin detenerse a evocar la frontera poco gloriosa de los 20 años. Y en ERC, con la esperanza puesta en la inmediata independencia de Catalunya, alguien podría acordarse de un señor y una señora que impusieron su voluntad en el partido hasta que les dijeron prou.

No parece que 1996 sea un año del que valga la pena conmemorar algo dentro de 20 años. No es, ciertamente, un año para la historia. Quizá sea porque vivimos en normalidad y lo normal es siempre gris y aburrido, sin emoción y sin ilusión. Por la normalidad se corrió delante de los grises durante la dictadura y por la normalidad nos manifestábamos con ilusión hace 20 años. Todo aquello mereció la pena.