Un cambio de paradigma básico

Contrastando liderazgos

Hacen falta líderes políticos que repartan la responsabilidad en equipos y tomen decisiones a largo plazo

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Imagen de un pleno del Congreso de los Diputados.

Imagen de un pleno del Congreso de los Diputados. / JOSÉ LUIS ROCA

La 'aldea global' está cambiando. Los escenarios definidos como VUCA (volátiles, inciertos, complejos, y ambiguos) están obligando a repensar la visión de los procesos de transformación de las organizaciones. Los constantes cambios de paradigmas nos obligan a vivir en un permanente presente continuo que nos hace recomponer el código darwiniano añadiendo la variable velocidad a la de inteligencia. Los tiempos entre evolución y revolución se acortan cada vez más por lo que los tiempos de crisis empiezan a instalarse en las fronteras de la eternidad.

Es imprescindible transformar la visión de los tiempos de crisis en espacios de oportunidades, y para ello es necesario que los visionarios y los emprendedores se conviertan en los propietarios de esta transformación. Por un lado, porque construyen y desarrollan las nuevas organizaciones desde planteamientos estructurados sobre la base de una adecuada confluencia de inquietudes racionales y emocionales. ¿Cuáles son mis sueños? ¿Qué concepto tengo de mí mismo? ¿Cuáles son mis valores sociales básicos que dan sentido de coherencia a mis decisiones? ¿Por qué tengo necesidad de buscar mi autenticidad? Y por otro, porque los tiempos de crisis están bajo el influjo de Cronos mientras que las oportunidades de transformación lo están bajo Kairos, y nadie mejor que los visionarios y los emprendedores para interpretar y gestionar el valor del significado de los dos dioses del tiempo de la mitología griega.

EL MÁRKETING Y LA REVOLUCIÓN DIGITAL

Esa búsqueda de la autenticidad ha provocado que esté agonizando la visión de las organizaciones desde la perspectiva de que las personas deben someterse a las estructuras de decisión y poder. El márketing y la revolución digital han sabido dar la vuelta a esa visión logrando que sean las estructuras de decisión y poder las que se sometan a los clientes, hasta el extremo de crear términos como el de 'empresa cliente-centrista' que mide la capacidad de que la cultura organizativa esté impecablemente conectada con la realidad del mercado.

La política lo bautiza como resistencia, y eso nos ha llevado a que la relación entre la evolución empresarial y la sociopolítica empiece a ser percibida como la existente entre la deuda pública y el PIB; es decir, un alocado y desbocado desajuste, y en consecuencia una conciliación que empieza a ser visualizada como imposible. Los índices de desencanto social y de desconfianza son la alarmante prueba de este desorden. Relacionado con este ejemplo, ¿alguien es capaz de imaginar en nuestro país un partido político que sea realmente 'estado-centrista' y que esté dirigido por auténticos líderes estadistas? ¿Es posible entender que educación, sanidad y empleo, pilares de cualquier sociedad, se disputen desde la visión partidista, en vez de gestionarse con una visión estadista?  

BAJO LA BUROCRACIA Y EL CONTROL

Necesitamos líderes políticos que, al igual que los líderes empresariales, desarrollen la inteligencia de sus afiliados para tomar decisiones clave, para cambiar paradigmas basados en la codicia individualista y en el corto plazo, a nuevos paradigmas de interdependencia, cooperación generativa, y pasión social. Necesitamos líderes políticos que al igual que los empresariales desarrollen los paradigmas relacionados con la consciencia en contrapunto con los de la no consciencia. La no consciencia se caracteriza por la transferencia de la responsabilidad, por tomas de decisiones monofocalizadas en el corto plazo, por un sentido de orden/mando vertical, por motivaciones extrínsecas, por enfoques de actuación estructurados bajo la burocracia y el control, y por una filosofía en la que las fronteras vienen determinadas por las zonas de confort.

La consciencia, por el contrario, refleja indicadores de conducta asociados a la distribución de la responsabilidad en equipos, por tomas de decisiones conectadas con el largo plazo, por un sentido de dirección fundamentado en la integración horizontal, por motivaciones intrínsecas, por culturas desarrolladas desde la pasión y el orgullo de pertenencia, y por una filosofía en la que las fronteras vienen determinadas por los retos y los resultados. Sin embargo la irreductible clase política niega esa transformación, se aferra al viejo paradigma y se muestra 'impasible el ademán' ante el imparable devenir del nuevo paradigma que implica que las personas han empezado a impregnar la aldea global de sus principios y valores sociales.

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