Bismarck y las terceras elecciones

PP y PSOE tienen la obligación de dejar de construir su identidad política en el antagonismo del uno contra el otro

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Pedro Sánchez y Mariano Rajoy, entre otros diputados, tras la investidura fallida del segundo el 31 de agosto, en el Congreso.

Pedro Sánchez y Mariano Rajoy, entre otros diputados, tras la investidura fallida del segundo el 31 de agosto, en el Congreso. / EFE / MARISCAL

Otto von Bismarck, llamado el Canciller de Hierro, que fue el artífice del Estado moderno alemán, se le atribuye un curioso juicio: “España es el país más fuerte del mundo. Los españoles llevan siglos intentando destruirlo y no lo han conseguido”. Las intervenciones en la fallida investidura de Mariano Rajoy estuvieron llenas de referencias históricas. Volvieron a aparecer los Toros de Guisando y se citó a Cánovas del Castillo y Manuel Azaña, entre otros nombres. Pero nadie se atrevió a usar esa frase de Bismarck. Seguramente porque recordaría a los cuatro principales partidos, y particularmente a los líderes del PP y PSOE, que la responsabilidad del desgobierno en el que se ha instalado España es compartida. A Rajoy se le puede reprochar que no sea capaz de irse cuando lo que él representa, sobre todo su figura política, obtiene un palmario rechazo en el Congreso, pese a ser el más votado en las urnas. Es un juicio negativo que es compartido por C’s, lo que lleva a Albert Rivera a desconfiar literalmente de Rajoy y a no querer formar gobierno de coalición con él. Pero también se puede reprochar a Pedro Sánchez que no se atreva a poner condiciones al PP para desbloquear la situación, y que prefiera instalarse en el rechazo sin más.

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Es cierto que hoy al PSOE le resulta muy difícil facilitar un gobierno monocolor presidido por Rajoy. Por razones internas y porque una gran parte de su electorado no lo entendería. Además, el acuerdo de PP y C’s es un brindis al sol, como lo prueban las pobres referencias que hizo el presidente en funciones en su intervención inicial, que dejó a Rivera en muy mala posición. Ahora bien, a partir del lunes, Sánchez deberá desvelar cuáles son sus planes teniendo en cuenta dos circunstancias. Se ha puesto otra vez de manifiesto que Podemos y C’s se autoexcluyen. Aunque Pablo Iglesias se ha quedado fuera de juego, como demostró en su encendido mitin populista, no va regalar sus votos al líder socialista. Exigirá algún pacto que, a la práctica, excluya a C’s. Esta es la investidura que persigue Sánchez, pero es muy improbable. La segunda circunstancia es que no es posible articular una alternativa exclusivamente por la izquierda que incluya a independentistas. El proceso soberanista ha entrado en la vía del cuanto peor, mejor, como evidenció Joan Tardà en su intervención. Por eso, la exigencia del referéndum se formula de forma cada vez más fanatizada.

Entramos en dos meses que van a ser penosos para la política española, con el paréntesis de las elecciones vascas y gallegas. PP y PSOE tienen la obligación de dejar de construir su identidad política en el antagonismo del uno contra el otro, y evitar así unas terceras elecciones. Puede que el bipartidismo saliera reforzado, pero es jugar con fuego. Hay muchas razones para no poner a prueba la cita de Bismarck.