Un signo del cambio de época en parte de Sudamérica

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“Mujer y de izquierda, militante contra la dictadura y sin un marido para posar a su lado en las fotografías. No es hermosa, ni recatada. La señora no cabe en el modelito diseñado por la élite conservadora de este país”. Las declaraciones de Regina Souza, la senadora del PT por Piauí, uno de los estados más pobres de Brasil, parecieron una suerte de epitafio político de Dilma Rousseff. Su “dedicatoria” a la presidenta destituida incluyó una reflexión que excede los gigantescos contornos de ese país. Souza lo explicó así: la disputa a lo largo de 13 años entre la 'Bolsa familia', el programa que sacó de la miseria a millones de personas, y la bolsa de Sao Paulo se dirimió a favor del universo financiero.

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Se trata, como lo sugirió Luiz Inácio 'Lula' da Silva, de un problema que engloba a parte de esa Sudamérica que hasta no hace muchos años Brasil quiso liderar con un proyecto de relativa autonomía política frente a EEUU. En el 2005 Lula, Néstor Kirchner y Hugo Chávez acordaron poner un límite a la Iniciativa de las Américas de George Bush. Once años más tarde, el mapa político ha trasmutado radicalmente. Cristina Kirchner ha perdido su poder y es acosada por una justicia altamente politizada, al igual que Lula en Brasil. En una Venezuela en bancarrota económica, aumenta en tanto la presión política y social para revocar a través de las urnas el mandato de Nicolás Maduro.

Más allá de las especificidades de cada país, lo que tienen en común es la vocación de las élites empresariales/financieras y parte de la política de cerrar el llamado 'ciclo populista' basado en la distribución. En Bolivia y Ecuador, los adversarios de Evo Morales y Rafael Correa se ilusionan con sumarse a esa ola imparable. Según la revista paulista 'Caros Amigos', las medidas que toma el presidente interino Michel Temer “pueden dejar a Brasil de rodillas durante muchos años. Con la codicia y la imprudencia de los que no tienen compromiso con la voluntad popular de los votos, el Gobierno destruye los logros sociales, rompe diplomacias, y ata la economía en una sola dirección: nada para Brasil y los brasileños, todo por la élite económica, ya sea local o global”. Estas palabras también se replican a modo de mal augurio más allá de sus fronteras.