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VENTANA DE SOCORRO

El verano deja una ristra de accidentes, ausencias en las familias; un abrazo silencioso a todas ellas

Anoche acabó la operación retorno. 4.275.00 desplazamientos. Llegué a casa y me encontré con la noticia de que una querida amiga había muerto en accidente. Mañana día 30 mi hermano David hubiera cumplido 43 años. Él también murió en la carretera. Sueño a menudo con él. Unas noches vuelve reencarnado en un niño al que no quiero dejar escapar, pero se escabulle. Otras veces parece estar vivo y no sé cómo anunciarle que está muerto.

Han pasado más de cinco años desde su muerte. Ya no puedo recordar la última vez que le vi, ni su expresión, ni su mirada. Atareados cada uno con nuestros quehaceres, no teníamos una pauta regular de encuentros como otras familias. Sus mensajes de móvil ni siquiera están ya en mi teléfono, pues en estos cinco años cuántos terminales habré sustituido.

Mi hermano David era una persona cálida, risueña. Cuando era niño estábamos muy cerca porque nos separaban ocho años, una eternidad en la infancia. Recuerdo muy bien la sensación de su pequeño cuerpo tostado jugando en la piscina en los veranos, cómo se amoldaba al mío. Luego descubrimos juntos Nueva York y París siendo él un crío y yo una adolescente que salían fuera a aprender idiomas. Más tarde me ayudó a hacer películas.

Mi hermano era motorista, murió en la carretera de manera inesperada y trágica y todo el tiempo perdido nunca podrá ser recuperado. Mi madre, como muchas mujeres de su generación, todavía sabe aceptar y vivir con las derrotas, pero imagino cómo sería su presente si un coche no hubiera arrollado a mi hermano. Quizá su salud sería mejor y se ocuparía de los nietos que no pudo tener.

Entonces levanto la cabeza, miro a mi alrededor y en el metro, el autobús, donde me pille, veo a otras personas y me pregunto: ¿cuántos de ellos habrán perdido a un ser querido? ¿A cuántos les faltará un hermano, un marido, un hijo, una madre que no retornaron? El verano deja una ristra larga de accidentes, ausencias en las familias. Yo solo quiero hoy extender un abrazo a todas ellas, como la de mi amiga Elvira. 

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