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¿Zoo o Madagascar?

Bernat Gasulla

Los debates en Barcelona acaban formulándose en términos demasiado maximalistas o maniqueosTranvía ¿sí o no? Turistas, ¿sí o no? Exposición en el Born sobre las barbaridades de Franco, ¿sí o no? Manifestación de la Diada, ¿sí o no? Terrazas, ¿sí o no? Bicicletas, ¿sí o no? Ahora se nos abre otro debate, necesario pero que ha adquirido unos tintes demasiado extremos. Zoo, ¿abierto o cerrado?

El gobierno de Ada Colau ha iniciado un proceso participativo en el que vecinos, sociedades animalistas y otras entidades han dado su opinión sobre el futuro del Zoo de Barcelona. Al parecer, van ganando hasta ahora los que prefieren que la instalación sea clausurada sin miramientos y que los animales se vayan, como en la peli, a Madagascar. ¿Una solución demasiado extrema? Así parecen pensar los especialistas en conservación de la fauna, que creen que un zoológico, no necesariamente el que actualmente existe en Barcelona, es necesario y que aún tiene una función científica que cumplir.

Barcelona ha sido una ciudad pionera en la defensa de los derechos de los animales. Ha sido en la capital catalana donde se gestaron iniciativas que luego han prosperado en otros sitios: circos sin fieras, ramblas con flores pero sin animales, plazas de toros sin 'fiesta nacional'. Por eso Barcelona no tiene que demostrar nada. Nadie duda del compromiso de la ciudad contra el maltrato animal.

Otra cosa es cómo se debe acometer una reforma del zoo. Los procesos participativos corren el peligro de ignorar la voz del experto, de aquel que sabe qué es lo mejor en un terreno concreto. Un ayuntamiento y, en este caso, una alcaldesa tienen el deber de oír y respetar el criterio del ciudadano pero han sido elegidos para gobernar, para pactar, para llegar a soluciones de compromiso.

El desenlace no será fácil, pero debería ir en la línea de la colaboración con otros zoológicos españoles y europeos, en la especialización, en la investigación y la concienciación. Barcelona es una mezcla de intereses, aficiones, sueños, realidades y miserias. Un equilibrio complejo pero que mantiene viva a la ciudad. 

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