Ir a contenido

La rueda

Jordi Carbonell

Enric Marín

En otoño del 2002 tuve el privilegio de ser el chófer de Jordi Carbonell en un viaje de ida y vuelta de Barcelona a Girona. No habíamos tenido demasiado trato directo hasta ese momento, pero esas horas regaladas nos permitieron hablar un poco de todo. De política, de historia, de literatura, de los amigos comunes, de la familia, o del estado de salud de Hortènsia Curell, su queridísima esposa. Era un hombre casi octogenario, pero con una 'joie de vivre' radicalmente juvenil.

e convicciones firmes e insobornables, Jordi Carbonell era culto y cercano, elegante y humilde. Digno en la actitud, en la presencia y en la expresión. Pero, por encima de todo, generoso en la capacidad de amar. De amar y ser fiel a las personas, a los ideales, a las palabras y los paisajes. Sus memorias, oportunamente tituladas 'Entre l'amor i la lluita', nos ofrecen un testimonio doblemente valioso: como narración privilegiada de un devenir colectivo y también como ejemplo de vida plena.

La historia de los pueblos siempre es coral. El sujeto del cambio social es colectivo y anónimo; y las transformaciones políticas y culturales más profundas y duraderas no siempre son visibles en la apariencia inmediata de los hechos. Jordi Carbonell fue hombre de presencia pública constante, pero discreta. No escogió caminos fáciles. Tampoco reivindicó protagonismos agradecidos, pero su extraordinaria trayectoria biográfica es la que mejor permite entender el largo hilo rojo que une la lucha antifranquista y el trabajo unitario de la Assemblea de Catalunya con las grandes movilizaciones populares de los últimos años. Con agudeza de artista genial, Joan Brossa ya lo avanzó en 1973, cuando le dedicó un soneto que concluía así:

Jordi i capalt, tot sol davant la fera,

des del seu cau li escups a la guerrera;

el sol, que es fa pomera, no s'allunya

i l'alba entra al senyal de Catalunya.

La teva estrella, nostra presonera

estén al bat de l'aire la bandera.

0 Comentarios
cargando