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Obituario

La integridad indefectible

Ramon Folch

Jordi Carbonell, 'in memoriam'.

Te veía como una persona ya mayor. Solo estabas en los cuarenta, pero es que yo tenía apenas veinte años. De esto, hace ya medio siglo... Me recibiste en tu minúsculo despacho de la calle de Balmes y enseguida nos pusimos de acuerdo. Me enrolé en aquella hirviente tripulación de la Gran Enciclopèdia Catalana que tú encabezabas con singular entusiasmo. Nos transmitías fe en el proyecto y rigor en los planteamientos. Pronto fui tu segundo, cargando con la sección de ciencias. Y ayudándote en tus constantes incursiones en la protopolítica de aquellos años 60. Todo estaba por hacer y casi todo parecía imposible.

En el último instante, pensé en mi tabardo. Te lo llevaste a la cárcel y buen servicio que te hizo. Así iban las cosas, a salto de mata. La Assemblea de Catalunya, los 113 de Maria Mitjancera, Sant Boi años después... No aflojabas, siempre dispuesto, firme e íntegro. Rechazado por la Autònoma, tuviste que irte a la universidad de Cagliari. Todo por no dar el brazo a torcer firmando tu adhesión al tardofranquismo todavía imperante. «Total, una mera formalidad», decían. No para ti. Por eso resultabas demasiado recto a ojos de algunos. Poco 'político', vamos. En realidad, eras ejemplar. En efecto: íntegro y ejemplar. Ya se ha visto a dónde conduce el exceso de cintura, la claudicación disfrazada de prudencia. Has sido alguien en quien confiar, un norte indefectible. Nunca te lo agradeceremos lo suficiente.

Te importaban los principios, no el cálculo. Tenías razón: sin principios no hay referentes. Y sin referentes, ¿qué sentido tienen las cosas? Suavidad, pero con firmeza. Lo aprendí de ti. Gracias a mantener posiciones, hicimos unas cuantas cosas imposibles. Todavía nos falta la principal. Se hará. Y, yo al menos, te la brindaré. Si alcanzo a verla. A ti y a Hortènsia. Gracias, Jordi. 

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