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El concepto 'vacaciones' está cambiando en los últimos años. Mantiene sus características históricas en el ámbito educativo. Los profesores y los estudiantes interrumpen sus actividades en periodos concretos de tiempo, durante el verano, el invierno y, en ocasiones, otras etapas del año. En el ámbito laboral la situación es diferente. Con el elevado nivel de desempleo y de trabajo precario, hablar de 'vacaciones' suena a menudo casi a provocación. Mucha gente hace vacaciones tratando de no hacer mucho ruido por miedo a provocar críticas o envidia. Los consejeros del gobierno de la Generalitat y los ministros del gobierno español más que 'de vacaciones' están desaparecidos.

Hay millones de personas que viven estos días de julio y agosto en campamentos de desplazados o de refugiados o atrapados en guerras terribles. No le habléis de vacaciones a Omran Daqneesh, el niño sirio que hemos visto lleno de polvo, ensangrentado y aturdido, sentado en la ambulancia que lo ha de trasladar a un centro médico tras ser rescatado de los escombros de su casa, en Alepo. Los aviones que la bombardearon tampoco hacían vacaciones.

Desde que comenzó la guerra en Siria, hace más de cinco años, han muerto unos 50.000 niños. Omran está vivo. Confiamos que viva muchos años y que algún día pueda disfrutar de verdaderas vacaciones. Aylan Kurdi, cuya imagen boca abajo, ahogado y mecido por el agua del mar en una playa turca impactó a la opinión pública mundial hace un año, no sabrá nunca en qué consisten.

¿Muertes como la de Aylan y vidas como la de Omran deben estropear la diversión y el relajamiento de las personas que, estos días, han desconectado de su cotidianidad?

¿Basta con indignarse, con entristecerse ante las fotos virales de ambos y contribuir a difundirlas por las redes mientras nos bañamos en playas paradisíacas, paseamos por París, Nueva York o Roma o visitamos el Machu Pichu?

Es indiscutible que todo el mundo tiene derecho a hacer lo que quiera con sus vacaciones. Cientos, miles de personas de todo el mundo han estado o están ahora en Grecia, invirtiendo su tiempo libre acompañando y tratando de ayudar a los refugiados que viven en campamentos y asentamientos tristes y mal equipados.

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"No hay nada que hacer", dicen algunos casi como justificación de la contradicción que supone, precisamente, no hacer nada ante imágenes como las que nos llegan de Alepo, el mar Mediterráneo o Sudán del Sur. También lo dicen muchos desde la frustración de no saber cómo contribuir a resolver estas tragedias humanitarias.

La Humanidad no tiene futuro si no sabe hacer nada, si no hace nada ante estas realidades. Los aviones que bombardean casas como la de Omran no deberían hacer vacaciones. No deberían despegar nunca.