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Análisis

El romance del verano

Antón Losada

Con el dominio de los tiempos, Rajoy le ha dejado claro a Rivera quién manda y ahora se dispone a jugar con los apuros de Pedro Sánchez

Albert Rivera reunió a su ejecutiva y compareció muy formal para anunciarnos que se sacrificaba por amor, no a Rajoy, pero sí a España. Mariano Rajoy no duda de la honestidad de sus intenciones pero también quiere que su ejecutiva lo apruebe. Con tanta solemnidad, más que una negociación política parece una petición de mano a la antigua, cuando primero se debía solicitar el permiso paterno. El idilio de este verano, protagonizado por Ciudadanos y el Partido Popular, está resultando un noviazgo como los de antes. A este paso vamos a tener que comprarnos todos traje nuevo para la boda.

Con el anuncio de Rajoy, seguramente media España habrá descubierto sorprendida que en el PP existe una ejecutiva y a veces hasta votan alguna cosa… si se lo ordena MarianoAlbert Rivera habrá constatado de nuevo cómo la capacidad del presidente en funciones para gestionar los tiempos resulta imbatible. Si su intención era marcarle el paso y forzarle a fijar una fecha para la investidura puede esperar sentado. De acuerdo con el 'código mariano' tener tiempo es tener poder y Rajoy jamás cede el control de los tiempos. La sesión de investidura se convocará cuando lo diga él, ni un minuto antes.

DE PUENTE DE AGOSTO

España no puede seguir un día más sin gobierno y nos jugamos mucho, pero Rajoy y el PP se van de puente de agosto antes de tomar un decisión. En las negociaciones políticas conviene fijarse en cuánto hacen los actores, no en cuánto dicen. Si los populares nos cuenta que tiene prisa pero ni fijan fecha, ni aceleran la decisiva reunión de su dirección, será porque no hay tanta urgencia y solo especulan con la alarma social para dejar sin tiempo a los demás.

Rajoy ha jugado con las urgencias de Rivera y ha ganado. Sabía que solo era cuestión de tiempo que los naranjas constatasen que su abstención carecía de valor y  unas terceras elecciones suponían un suicidio electoral. Si aún no ha dado el 'sí' al verdadero chollo que le ofrece Ciudadanos para sentarse a negociar, será porque quiere dejar bien claro a sus potenciales socios quién manda y cómo debe funcionar la alianza a partir de ahora.

HACER LIMPIEZA

Las seis condiciones presentadas por Ciudadanos pretenden conformar un cordón sanitario frente a la corrupción que asola y asolará a los Populares durante la legislatura. Lejos de un inconveniente, para Rajoy pueden suponer una oportunidad de hacer limpieza y soltar peso muerto echándole toda la culpa a las exigencias de Rivera.

La demanda de apartar a los imputados constituye la excusa perfecta para librarse de viejas amigas, hoy incomodas, como Rita Barberá. La comisión de investigación sobre la Gürtel puede convertirse fácilmente en un juicio sumarísimo al aznarismo, como ha hecho Cristina Cifuentes en Madrid con Esperanza Aguirre y la investigación de la corrupción Púnica. La limitación de mandatos será un problema para el sucesor y respecto a los aforamientos y la ley electoral, dado que hay que pactarlo con la oposición, siempre se le podrá echar la culpa a los socialistas.

Ahora Rajoy intenta jugar con los apuros de Pedro Sánchez. Su cálculo estima que, cuanto más se prolongue la duda sobre la investidura y más se demoren los plazos para agotar las opciones de formar gobierno, más intensas resultarán las presiones internas y externas sobre el líder socialista. En la lógica mariana cuanto más tarde en llamarle, más blando estará para la negociación y más barata saldrá su abstención porque en política, como en la vida, el amor importa pero el tiempo es lo que decide.

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