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TRIBUNA

Cristóbal Montoro, ministro de Hacienda en funciones, en una rueda de prensa para informar sobre el FLA.

JOSÉ LUIS ROCA

Las Cuentas Territorializadas

Guillem López Casasnovas

Las nuevas cuentas del Ministerio de Hacienda son un sucedáneo de balanzas fiscales que aún crean más confusión sobre este tema

Ni los autores, ni los que les encargan el trabajo las llaman balanzas fiscales. Saben que las verdaderas balanzas fiscales son otra cosa, tal y como estableció en su día el Instituto de Estudios Fiscales cuando preparó la metodología.  Pero como cada verano, el Ministerio de Hacienda se despacha en plena canícula con unas estimaciones de Cuentas Territorializadas de una supuesta “Administración Central Aumentada” de las que las redacciones de los medios, con bastantes becarios en plantilla, las llaman balanzas fiscales.

Da pereza, pero es necesario repetir los argumentos sobre este tema. Estas Cuentas no son balanzas fiscales. Se hacen con un enfoque de supuestos beneficiarios y los que teóricamente soportan las cargas fiscales, y dejan sin valorar quién paga impuestos y dónde efectivamente se gastan. Dicen los autores para rechazar el método monetario alternativo que a ellos no les importa dónde se gastan los recursos. Es igual que se gasten en Madrid si es para el bien de todos los españoles. Que puestos a mirar impactos de recursos, debería mirarse, dicen los autores, dónde se producen estos y no dónde se consumen.  Y como no lo saben ni piensan esforzarse en saberlo, dan por hecho que el gasto central beneficia a todos por igual y no importa a quién ni cómo se gasta. Pero si aceptamos este argumento, si no importa realmente dónde se gastan los recursos, quizá se podría plantear si, al margen de la protección de las embajadas, tiene lógica que todos los organismos estatales, reguladores, de investigación, de las artes e incluso el museo naval estén prácticamente todos ubicados en Madrid. Si queremos utilizar una perspectiva federal en este tema nos queda mucho por aprender de Alemania (Bonn, Berlín, Fránkfurt) o de Estados Unidos (California, Sacramento).

UN SUCEDÁNEO QUE CONFUNDE MÁS

A pesar de todo ello, un sucedáneo de balanzas fiscales que posiblemente fueron instrumentalizadas en su día para erosionar a las "de verdad" (que capacidad de gasto se practica sobre los territorios y cuál sería posible si se hiciese a partir de los propios recursos), el tiro de las publicaciones de las cuentas regionales territorializadas les sale ahora por la culata. Añaden más leña a la ceremonia de la confusión (esto posiblemente es intencionado para esconder otros saldos políticamente más comprometidos) y no dan más luz al debate. Pero en todo caso no se evita la necesidad de explicar la cantidad del saldo y su evolución (el crecimiento en la etapa de fuerte endeudamiento de Catalunya) o cómo se puede justificar que una comunidad como la balear, que debe al FLA 5.000 millones de euros y más de 8.000 a acreedores financieros padezca el drenaje anual reiterado de 1.500 millones. 

Además, cómo puede argumentar alguien que Extremadura disponga de unos flujos autonómicos favorables muy por encima de Andalucía, y siempre con superávits? O los saldos de La Rioja respecto a los de Murcia o Baleares, o de Aragón y Cantabria respecto a la Comunidad Valenciana. Y no digamos de los superavits de comunidades ricas como las forales!   Ninguna pauta de equidad y solidaridad permite argumentar los resultados de sus flujos. 

EL DISPARATE DE LA SOLIDARIDAD MADRILEÑA

Y, por cierto, evitemos el disparate de una vez por todas de la gran solidaridad madrileña. Si no le imputamos el gasto que hace supuestamente "en beneficio de todos", y sí todos los ingresos que allá se recaudan, eso si, se dan como propios,  solo faltaría que su saldo no fuese el más elevado. ¿Creen realmente que el gasto que se hace en Madrid beneficia a los madrileños por debajo del beneficio del español medio, como dice el estudio, al mismo nivel que a Baleares, Comunidad sin trenes, menos red viaria, sin instituciones estatales y doble insularidad?

El lío que ha generado en el tiempo la financiación autonómica, reconocido ahora por todo el mundo (aunque muchos que ahora lo denuncian deberían pedir disculpas por haberlo negado antes) y sobre todo la falta de sensibilidad del centralismo español en el ejercicio de sus competencias es la explicacion de los saldos inexplicables. Y ya no es este un problema de Catalunya o Balears. Es un problema del Estado. Con Catalunya desencajada y las Illes con un encaje forzado que cada vez rechina más, o se le pone remedio o la desafección es cada vez más predecible.


 

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