Editoriales

Entre el bloqueo y el chantaje

La principal responsabilidad es de Rajoy, obligado a moverse para lograr apoyos y presentarse a la investidura

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El resultado del segundo encuentro entre Mariano Rajoy y Pedro Sánchez tras las elecciones del 26-J ha sido tan desalentador como el primero. Y, desgraciadamente, como los que mantuvieron tras el 20-D. En manos de estos dos líderes está evitar el ridículo mayúsculo de unas terceras elecciones. El actual presidente en funciones, a pesar de sus palabras, sigue actuando con la misma actitud displicente de los últimos meses. Plantea el apoyo a su investidura como una mera fatalidad a la que el PSOE estaría obligado por no se sabe qué suerte de ley natural. Así no va a conseguir nunca los apoyos que necesita. El primero, el que hoy reclamará a Ciudadanos a pesar de que Albert Rivera ya ha anunciado su abstención. Es insuficiente.

Si Rajoy se cree lo que dice no tiene otra que esforzarse para atraer a Ciudadanos hacia el 'sí' a la investidura. Cueste lo que cueste. De lo contrario, dará la razón a quienes en las últimas semanas especulan con la idea de que en realidad, por puro interés partidista, tiene como único objetivo repetir los comicios para, hipotéticamente, mejorar resultados. Hasta que Rajoy no roce los 170 diputados, no tiene la más mínima posibilidad de ser investido. Pero, aun así, la Constitución le obliga a someterse al debate en el Congreso lo antes posible de acuerdo con el encargo del Rey.

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En un segundo nivel de responsabilidad hay que situar el papel de Pedro Sánchez. Hizo bien ayer en exigirle a Rajoy que cumpla con sus obligaciones y que espabile para ganarse a Ciudadanos. Más difícil de entender es que siga manteniendo que no desea elecciones sin entrar a negociar ni que sea la abstención con Rajoy o, eventualmente, ensayar una mayoría alternativa. La responsabilidad, a día de hoy, es única y exclusivamente del líder del PP, pero Sánchez no debería cerrarse ninguna puerta y menos aún limitar este embrollo a una pugna entre las derechas y la izquierda. Que el PP pacte la investidura con los independentistas de Homs es una quimera como lo fue el presunto pacto por las vicepresidencias del Congreso que ayer abortó Ciudadanos.

Rajoy trata de culpar a Sánchez del bloqueo actual y de hacerle chantaje con unas nuevas elecciones. Un doble argumento que sirve para una rueda de prensa pero que no soluciona el problema de fondo del que son víctimas todos los españoles.