Los SÁBADOS, CIENCIA

Figura asomada a la ventana

Para un científico es requerimiento imprescindible excluirse de la realidad que quiere comprender

3
Se lee en minutos

La ventana es un elemento arquitectónico de gran resonancia científica y filosófica. Su papel es permitir la relación entre el dentro y el fuera. Sin embargo, para regular tan importante tarea con continuidad y finura hace falta algún accesorio más como la contraventana, la cortina o la persiana. Persiana procede de Persia, una palabra perfecta para dar nombre a un interesante concepto, el efecto persiana: la facultad de ver sin ser visto. Me viene a la memoria la persiana enrollable que cubre un balcón desde donde uno puede sentarse tranquilamente a espiar el mundo o a reflexionar sobre él.

Basta pasearse un atardecer por cualquier pueblo del mundo para sentirse observado desde detrás de una cortina o de una persiana. Curiosamente, en la historia de la pintura la escena de un personaje que mira el mundo por la ventana es recurrente: Edward HopperCaspar FriedrichSalvador DalíJohannes VermeerBartolomé Murillo... Casi siempre se trata de una mujer, quizá una huella más de quien, ancestralmente, ha pasado mucho más tiempo dentro que fuera. Henri Matisse, ¡qué transgresor!, pinta a la mujer sentada de espaldas a la ventana.

OBJETIVIDAD CIENTÍFICA

El 'efecto persiana' tiene acentos de actividad desleal o voyerista. Sin embargo, nada más noble y fundamental si de lo que hablamos es del principio de objetividad científica. De las mil maneras que tenemos de observar el mundo este principio recomienda elegir la que menos afecta tanto a lo observado como al observador. De ahí se deduce la doble universalidad del conocimiento. La comprensión de la mecánica por ejemplo no depende del objeto comprendido (el movimiento de una manzana se rige por las mismas leyes que el de una pera, un planeta o una pelota de tenis) ni depende tampoco del sujeto comprendedor (las leyes no dependen de quienes son sus descubridores o usuarios ni de cuál es su estado de ánimo).

El plano que contiene a la ventana es el elemento que separa el sujeto del objeto de conocimiento. La llamada mentalidad occidental hunde sus raíces en esta drástica y dolorosa separación. El sujeto de conocimiento que aspira a ser objetivo tiene que esforzarse en excluirse a sí mismo de la realidad que desea comprender. Para un artista es una opción, para un científico es un requerimiento imprescindible. Jaques Monod se refería a este hecho como la soledad cósmica del científico, el precio que debe pagar por haberse autofulminado del mundo inteligible.

FIGURAS FEMENINAS

En esa misma soledad cósmica se encuentran las figuras femeninas que miran el mundo desde una cama deshecha a través de una ventana, en tantos cuadros de Edward Hopper. Los personajes de este pintor están solos hasta cuando aparecen acompañados. Separar el sujeto y el objeto para que no se contaminen entre sí es un sacrificio que no se acepta fácilmente en todas las formas de pensar y de crear. La construcción de conocimiento racional se cuestiona a veces por esta separación inicial presuntamente reduccionista.

El paso siguiente consiste en elegir con precisión cuál es el pedazo de realidad que situamos bajo los focos. En la metáfora pictórica de la figura asomada al mundo, esta función corresponde al marco de la ventana. Es el elemento que encuadra el objeto para el sujeto. Contraventanas con reflejos parciales o cortinas o persianas tamizando la luz son detalles para la diversidad de diferentes realidades.

Los más sutiles poetas han cantado esta situación. El celebrado poema de Giacomo Leopardi 'El infinito' es quizá la versión literaria más perfecta de una mente que se asoma al mundo para interrogarse sobre la realidad:

«Siempre querido me fue este solitario cerro

Y este seto que tanta parte

Del último horizonte la mirada excluye…»

Noticias relacionadas

Todos los ingredientes están ahí: la mirada observadora, el paisaje observado, el horizonte como límite, el seto enmarcando… La pintura en general ya es en sí misma una gran metáfora de este triplete para construir conocimiento: el artista, la realidad y el lienzo, por mucho que a veces sea para rebelarse con descaro contra el principio de objetividad. Es cuando el artista se niega a separarse de su obra y se introduce explícitamente en la representación, como Velázquez en las Meninas, como Durero en muchas de sus pinturas… como Hitchcock en sus películas. Las dos alternativas son lícitas: el creador desaparece voluntariamente para no distorsionar el conocimiento de la realidad o el creador impone su presencia como parte de ese conocimiento.

Ambas son actitudes nobles y lícitas, pero quizá valga la pena reconsiderar estas alternativas en los modernos escenarios digitales de la realidad. Las redes sociales han creado un nuevo paradigma: una vasta y compleja realidad con miles de millones de ventanas con persianas y cortinas al gusto. Una cosa ha cambiado: la clase de soledad que gastan esos miles de millones de ciudadanos.