06 jun 2020

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El espíritu del 8 de julio

Carles Campuzano

El nacimiento del Partit Demòcrata Català (PDC) ha sido extraordinariamente genuino y todo un éxito, fruto, fundamentalmente, de la lucidez colectiva que se manifestó la tarde del 8 de julio. Cuando la inmensa mayoría de los asistentes a la asamblea fundacional del Partit Demòcrata no comulgaron con ruedas de molino y decidieron emanciparse de la inercia que durante años habíamos practicado en CDC, el congreso constituyente empezó de la mejor manera posible. Si aquella tarde de verano, hubiéramos optado por seguir el guion establecido, nada de la cultura política de la antigua CDC, que necesitábamos renovar profundamente, hubiera cambiado. El riesgo del momento gatopardiano se superó con nota. Y luego el congreso transcurrió con mucha intensidad, como toca, pero también con muchas ganas de sumar voluntades y construir en positivo un proyecto político ambicioso, que no debe excluir a nadie y que, sobre todo, necesita incorporar a mucha gente con ganas de implicarse en el marco del espacio político central del país.

Ahora bien, el trabajo que tiene el recién nacido PDC es colosal. En términos organizativos, rehaciendo una organización que necesariamente debe ser moderna, o sea digital, abierta y conectada con la sociedad; en términos ideológicos, profundizando en las ideas y valores fundacionales, que se mueven en el terreno de la defensa del progreso económico y social para todos y la radicalidad democrática, desde el pluralismo interno que nos hace más grandes; y claro, sobre todo, en la capacidad de ser útiles en el objetivo nacional que nos hemos marcado, que no es otro que el logro del Estado propio para Catalunya por la vía democrática, lo que reclama la construcción de una mayoría social amplia, sólida y persistente.

Las aspiraciones que tenemos son muy grandes y los esfuerzos que se requieren deben estar a su altura. Ahora toca elegir una nueva dirección y algunos ya nos hemos manifestado claramente a favor de aquellos que mejor pueden representar el espíritu fundacional del Partit Demòcrata: Marta Pascal y su lista a la dirección ejecutiva y Mercè Conesa a la presidencia del Consell Nacional.

El 8 de julio, nada terminó, apenas acabamos de empezar.

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