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Análisis

Cinco consecuencias de la matanza de Niza

Eduard Soler Lecha

Bombardear Oriente Próximo ni previene ni detiene los procesos de radicalización violenta en barrios de ciudades europeas

Le ha tocado a Niza y la confusión es máxima. El método de actuar es nuevo, al menos en suelo europeo. Pero no lo es ni el país en el que se produce la masacre ni el tipo de consecuencias que una acción de estas dimensiones pueda tener en las próximas semanas y meses. Quizá hay más, pero podríamos empezar por estas cinco.

La primera es que refuerza las posiciones de quienes piden que las medidas de seguridad de carácter excepcional se prolonguen en el tiempo o se vuelvan más frecuentes. Evidentemente en Francia es donde se verá con más claridad, pero es una tendencia al alza en el conjunto de la UE. Esto se traduce en mayor presencia policial (e incluso militar) en las calles, controles en aeropuertos y sistemas ferroviarios y, sobre todo, en puestos fronterizos. Con todo, es pertinente llamar la atención sobre el hecho de que, aparentemente, quien ha provocado esta masacre no ha tenido que cruzar fronteras ni tomar ningún avión.

La segunda consecuencia es que supone otra llamada para que haya más y mejor coordinación entre fuerzas de seguridad y servicios de inteligencia de los países europeos. Es una demanda recurrente que se sitúa en la agenda política y mediática cada vez que hay un atentado terrorista aunque, hasta ahora, con escasos resultados. Los estados han preferido seguir colaborando de forma bilateral y lo han hecho caso por caso. Dicho esto, tan importante es la cooperación internacional como las capacidades de prevención a escala local.

La tercera es que dará alas a la retórica belicista del Gobierno francés, especialmente hacia Oriente Próximo. En el primer comunicado del presidente Hollande ya se ha anunciado que se reforzarán las acciones francesas en Siria e Iraq, asumiendo que es en Raqqa o Mosul desde donde se dirigen y planifican estas acciones. Siendo cierto que el Estado Islámico o distintas ramas de Al-Qaeda proporcionan el paraguas discursivo e incitan periódicamente a que se comentan atentados terroristas en Europa, no hay que olvidar que buena parte de los ataques se planifican en suelo europeo y que los comenten personas nacidas o residentes en Europa. Bombardear Oriente Próximo ni previene ni detiene los procesos de radicalización violenta en los barrios de ciudades europeas.

La cuarta consecuencia es el riesgo de que continúen aumentando los niveles de rechazo hacia la población musulmana en las sociedades europeas, se erosione la cohesión social y se tense la convivencia. Un estudio del Pew Research Centre publicado el 11 de julio señalaba que en algunos países europeos el nivel de rechazo a los musulmanes había llegado a subir más de diez puntos en solo un año. Este mismo estudio señalaba que más de la mitad de los europeos asocian la llegada de inmigrantes y refugiados con un mayor riesgo de atentados terroristas. La masacre de Niza desmiente esta asociación, pero eso no va a modificar los términos del debate.

Y la quinta es que los movimientos de extrema derecha van a contar con más munición electoral. Algo que es especialmente preocupante en Francia en vista a las elecciones presidenciales del próximo año y también por el estado crítico en que se encuentra el proceso de construcción europea. Aunque las recetas del cierre de fronteras y de retorno de la soberanía que promueven el Frente Nacional y movimientos similares en otros países europeos no habrían impedido este tipo de atentados, seguro que estos partidos redoblarán el mensaje del miedo e intentarán sacar tajada de esta masacre.

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