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Barroso, símbolo de los males de la UE

Eliseo Oliveras

El fichaje del expresidente de la Comisión Europea José Manuel Durao Barroso por el banco de inversión norteamericano Goldman Sachs apenas 20 meses después de haber abandonado su cargo al frente del Ejecutivo comunitario simboliza los males de la Unión Europea (UE) y las causas de la pérdida masiva del apoyo ciudadano.

Goldman Sachs fue uno de los bancos responsables de la crisis financiera desencadenada en el 2008, de la que Europa aún no se ha recuperado del todo y que ha provocado la destrucción de millones de puestos de trabajo en toda la UE. Goldman Sachs además ayudó al Gobierno conservador griego a maquillar las cuentas para ocultar a la UE la verdadera magnitud de la deuda pública helena. Posteriormente, Goldman Sachs se dedicó a especular en los mercados contra la deuda griega en el 2009-2010, agravando la crisis de la eurozona.

El fichaje ha generado multitud de críticas, porque una vez más pone en duda a qué intereses realmente sirven los comisarios durante su mandato y porque da argumentos adicionales contra la UE a los partidos de extrema derecha y euroescépticos en medio de la crisis existencial europea tras la decisión de Gran Bretaña de abandonar la UE.

Barroso no es un caso aislado, al menos otros nueve miembros de la anterior Comisión Europea ya han fichado para el mundo de los negocios, detalla un informe de Corporate Europe Observatory. Antes de Goldman Sachs, el propio Barroso había recibido autorización de la Comisión Europea para desempeñar nada menos que 22 puestos distintos, incluido miembro de la dirección del poderoso lobi mundial Bilderberg. Ahora el Ejecutivo comunitario está presidido por Jean-Claude Juncker, que durante dos décadas se dedicó a fomentar la elusión fiscal en la UE desde Luxemburgo.

Críticas de Hollande, silencio de la Comisión

Mientras el presidente francés, François Hollande, ha calificado de "moralmente inaceptable" el fichaje por Goldman Sachs, la Comisión Europea se ha abstenido como institución de la más mínima crítica a la decisión de Barroso y asegura que el fichaje "respeta las reglas del Código de Conducta", que permite a los ex comisarios aceptar cualquier puesto a partir de los 18 meses de haber abandonado el cargo.

Una posición autocomplaciente que no es compartida por la Defensora del Pueblo Europeo, Emily O'Reilly, que lleva varios años fustigando a la Comisión Europea por su connivencia con la banca y las grandes empresas y por los conflictos de interés que permite en las agencias europeas, que cuestionan la imparcialidad de sus dictámenes y ponen en peligro la salud de los europeos.

O'Reilly ha reclamado a la Comisión Europea que revise el Código de Conducta para que refleje las exigencias de integridad que establece el artículo 245 del Tratado de Funcionamiento de la UE a los ex comisarios respecto a los puestos que pueden aceptar. La Defensora del Pueblo Europeo ha subrayado que debería haber sanciones ejemplares para quienes no respeten esos principios de integridad.

Barroso, como primer ministro conservador de Portugal (2002-2004), fue el cuarto líder de la tristemente célebre cumbre de las Azores del 2003, donde se decidió la invasión de Irak, que condujo al caos actual en Oriente Medio y que dio un impulso decisivo al terrorismo yihadista que golpea tanto a Europa como al mundo musulmán. Barroso, como primer ministro, se caracterizó por una política de recortes del gasto público y de los derechos laborales, que disparó el desempleo y hundió a Portugal en una recesión en el 2003. Su gestión estuvo rodeada de escándalos, como los sobornos por la compra de submarinos alemanes en pleno ajuste presupuestario.

Desde la presidencia de la Comisión Europea (2004-2014), Barroso se distinguió por promover los mitos de la ideología económica neoliberal, como la autorregulación de los mercados financieros, la liberalización y privatización de los servicios, la rebaja fiscal a quienes ganan más, el recorte de los derechos laborales y la "austeridad expansiva". Bajo su mandato, la Comisión Europea se abstuvo de emprender acciones contra Goldman Sachs por haber ayudado a falsear las cuentas públicas griegas y se negó a regular las agencias de calificación de deuda (rating) incluso tras el estallido de la crisis financiera hasta que el Parlamento Europeo le obligó. La actitud de la Comisión Europea contrasta con la de EEUU, que impuso en abril a Goldman Sachs el pago de 4.500 millones de euros por sus irregularidades.

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