02 dic 2020

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Rajoy y Sánchez, al inicio de la tensa reunión que mantuvieron el pasado 12 de febrero. 

JOSÉ LUIS ROCA

Rajoy y el manejo de los pactos

Enric Hernàndez

La paciencia infinita del presidente, que hace perder la suya a los rivales, tal vez no le baste esta vez para ser investido y gobernar con solo 137 escaños

La carrera de Mariano Rajoy se ha cimentado sobre su gran virtud: una paciencia infinita que hacer perder la suya a los rivales. Así logró suceder a José María Aznar, sobrevivir en el PP a dos derrotas electorales, conquistar la mayoría absoluta en el 2011 y seguir en la Moncloa con su tesorero en prisión. Para Rajoy, definitivamente, resistir es vencer.

Las propiedades catárticas del triunfo del 26-J han elevado a categoría de leyenda su sabiduría en el manejo de los tiempos, habilidad que no hace tanto, cuando renunció a la investidura en enero, se tachaba de inmovilismo. Ahora, con solo 137 diputados prestos a investirle, Rajoy vuelve por sus fueros. Él sigue impasible, a la espera de que los obstáculos se aparten para dejarle paso.

Ejemplo de ello es el expediente europeo a España por incumplir sus compromisos de déficit con rebajas fiscales de tufillo electoralista que diezmaron la recaudación. La reprimenda, que incluye la exigencia de ajustes adicionales para evitar la multa económica, no solo no le pasa factura al presidente, sino que le sirve para meter presión al resto, en particular al socialista Pedro Sánchez.

El silogismo de la Moncloa

Este es el silogismo que emana de la Moncloa: si Bruselas sanciona a España porque el Gobierno en funciones no puede ejecutar sus órdenes no será culpa del gobernante que cometió la infracción, sino de la oposición que le niega su apoyo para seguir en el poder. Sencillamente brillante.

De momento, la estratagema no ha acabado de funcionar con Albert Rivera, que se ha borrado de la ecuación al retirar su veto a Rajoy para plantarse en la abstención. El 'sí' de Ciudadanos hubiera convertido al PSOE en el único responsable del bloqueo, pero Sánchez puede respirar tranquilo. Al menos, por ahora.

Es Rajoy quien deberá decidir si opta a la investidura con sus magros 137 votos (solo seis más de los que tuvo Sánchez) o si sigue jugando al impávido hasta que a los socialistas les tiemblen las piernas. Ahora bien, si al final el líder del PP lograse su objetivo, durante esta legislatura no le bastaría con manejar los tiempos; también deberá aprender a manejar los pactos.