GEOMETRÍA VARIABLE

Los grandes retos del recién bautizado PDC

¿Sabrá, como hizo CDC, encarnar el pragmatismo de las clases medias catalanas?

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Artur Mas, Carles Puigdemont y Neus Munté, en el congreso de refundación.

Artur Mas, Carles Puigdemont y Neus Munté, en el congreso de refundación. / JULIO CARBÓ

CDC, que fue muchos años el primer partido catalán, ha decidido que necesita un cambio de chip. Tiene razón. El partido basado en el catalanismo profético-pragmático de Jordi Pujol sufrió un golpe seco y duro tras la confesión del patriarca hace ya dos veranos.

Lo que no es cierto es que la debacle moral del pujolismo sea la causa única de la decadencia de CDC. Los números están ahí. En diciembre del 2010 Artur Mas recuperó la Generalitat con 62 diputados, bajó a 50 en el 2012 y ahora -tras las plebiscitarias del 2014- comparte aquellos 62 con ERC en Junts pel Sí. Pero como 62 no son mayoría absoluta, Mas tuvo que -en el último momento y a regañadientes- dar “un paso al lado”. Y en las generales ha pasado de ser el primer partido con más de un millón de votos y 16 diputados en el 2011 a ser el cuarto partido con 481.000 votos, superado por En Comú Podem, ERC y el PSC y con solo la mitad de diputados. En la provincia de Barcelona -la principal- los resultados son peores, pues es el quinto partido con 34.000 votos menos que el PP encabezado por Jorge Fernández Díaz.

La refundación, el cambio de chip, es pues imprescindible si CDC no quiere ser un actor secundario. Pero la medicina propuesta parece insuficiente, algo hueca e incluso infantil. Pretender rebotar sin tocar el liderazgo -el que ha llevado a la situación actual- y sustituyendo Convergència por 'Mes Catalunya' o 'Catalans Convergents', nombres ideados por una agencia de comunicación y mantenidos en secreto hasta el inicio del congreso refundacional, es una mayúscula chiquillada.

Y el motín de la primera tarde del congreso levantó acta de que ese no es el camino. Está por ver si dentro de 15 días se impone el continuismo o hay mas 'aggiornamento'. Pero la decadencia no empezó cuando Pujol confesó en el 2014, sino cuando en el 2012 se empezó a abandonar el catalanismo profético-pragmático (más poder en el día a día con la bandera siempre presente de la Catalunya plena) y se pasó al independentismo como doctrina exclusiva. Cuando CDC abdicó de su identidad para asumir la de ERC, cedió la iniciativa a los republicanos. Es como si en la transición -cuando Santiago Carrillo parecía que se comía el mundo- el PSOE se hubiera hecho eurocomunista. O como si ahora -cuando casi toda la prensa y todas las encuestas proclamaban el 'sorpasso'- Pedro Sánchez se hubiera dejado coleta.

CDC tenía identidad propia y ahora ha quedado como segundo partido del independentismo. ERC, que ya la adelantó en las europeas del 2014, lo ha vuelto a hacer por segunda vez en las generales con 414.000 votos frente a 321.000. Y tiene además un líder, Oriol Junqueras, sin hipotecas del pasado.

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El nuevo Partit Demòcrata Català tendría futuro si liderara el pragmatismo de gran parte de las clases medias catalanas que son tan catalanistas como moderadas, y tan refractarias al españolismo conservador como alérgicas al salto al vacío. Siguen ahí algo abandonadas aunque -cierto- quizá menos en la Catalunya interior.

El habilidoso Oriol Junqueras ha logrado que ERC -que en la República hizo a Companys ministro de Marina- sea hoy un éxito y dispute a En Comú Podem ser la primera fuerza catalana. Pero Catalunya es plural y el PDC debería buscar una identidad propia, mas "accidentalista", si aspira a sobrevivir como fuerza diferenciada. No parece que vaya a ser así porque, hoy por hoy, a los asambleístas de la noche del viernes les pone el exclusivismo independentista. Los resultados desde el 2012 indican que ese camino ha engordado a ERC y ha adelgazado a CDC. No importa, en mi colegio predicaban que la fe mueve montañas. Quizá sea así.