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Al contrataque

Un barco de ricos para pobres

Jordi Évole

El mundo es una mierda y yo no aspiro a cambiarlo. Pero hay semanas en que te reconcilias con los de tu especie. Hace unos meses me encontré en una cafetería con Òscar Camps, un señor que se ha propuesto sacar los colores a los que mandan demostrando que con muy poco se puede hacer mucho. Volvía de Lesbos, donde había socorrido a miles de refugiados, con otro objetivo: irse ahora al centro del Mediterráneo con un barco de rescate de personas. Así se lo contó una mañana a Jordi Basté, y nos pusimos tras la pista.

Por esa extraña ley de la atracción, apareció el barco, en un puerto granadino. Allí el empresario Livio Lo Mónaco (sí amigos, el de los colchones que anunciaban María Teresa Campos o Constantino Romero en los 90, y con los que ganó el dinero suficiente como para comprarse un barco) tenía un velero que usaba poco.

Un velero no es el mejor barco para ir al Mediterráneo a hacer rescates. Y menos cuando te das cuenta que su estado es el de un Corsa de tercera mano. Pero como tampoco es tan fácil que te cedan un barco, y las ganas pueden con todo, el proyecto tiró para delante. Necesitó una inversión cercana a 300.000 euros gracias a donaciones de gente anónima que no soporta que el Mediterráneo se haya convertido en la fosa común de personas que huyen del horror y de la miseria, y que podríamos ser cualquiera de nosotros, aunque no nos lo acabemos de creer.

Solo faltaba una tripulación de primera, que viene a ser como formar una banda de rock. Andreu, patrón de salvamento marítimo, se convirtió en el capitán y se rodeó de sus marineros de confianza: Marco y Savvas. Dos socorristas profesionales, Iñaki y Joaquín, a cargo de las zodiacs. Guillermo y Rafa, médicos de urgencias con muchas horas de vuelo, para atender a los refugiados. Y Fernando, patrón de barco que a la vez le daba de comer muy bien a sus amigos, se convirtió en el cocinero.

RÉCORD DE RESCATES

La primera madrugada que el 'Astral' -así se llama la criatura- llegó a la costa libia se batió el récord de personas rescatadas en el Mediterráneo: 4.500. La tripulación del 'Astral' atendió a más de 600 y subió a su cubierta a 130. Cuando vi la cubierta llena de africanos que llevaban lo puesto, y una mirada cargada de cansancio, tristeza, docilidad, y algo de esperanza, pensé en la cantidad de gintónics y martinis que se habrían servido en esa cubierta, la de bronceado que se habría untado, los negocios que se habrían fraguado. El velero de ricos se había transformado en un barco para pobres, una pequeña metáfora de lo que podría ser la redistribución de la riqueza.

Ojalá sepamos transmitir en las horas que tenemos grabadas un diez por ciento de lo vivido, de lo que nos han enseñado esas miradas, de las lecciones de una tripulación entregada, de la constatación de que con muy poco se puede hacer mucho.

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