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La venta ilegal callejera en Barcelona

¿Qué tiene de izquierdas el caos?

Alfred Bosch

La estrategia elegida por Colau para afrontar el 'top manta' es más propia de un modelo ultraliberal

Para muchos, parece que defender el 'top manta' sea una obligación de las izquierdas y combatir su proliferación sea un tic de la derecha más carca. No estoy nada de acuerdo con estas etiquetas, que considero éticamente absurdas y políticamente equivocadas. Me molesta este reduccionismo que establece un dogma, a partir de posturas poco elaboradas, y que luego clasifica a las personas según su posición al respecto.

La semana pasada salieron un grupo de vecinos y comerciantes, de la Barceloneta y de otros lugares, denunciando el desbordamiento de la venta ambulante ilegal en los muelles del Port Vell. Pedían medidas correctoras por parte del ayuntamiento a la hora de atender sus peticiones de convivencia en la vía pública y de no discriminación en la actividad comercial.

Me pareció una gente razonable con unas demandas justificadas, sobre todo al cabo de un año de inacción del gobierno municipal. Pero no tardaron en salir opiniones de la izquierda pontifical, con la intención de descalificar la petición y diciendo que no eran del barrio, que representaban las élites de los comerciantes, etcétera. Que eran carcas de derechas, vaya. Y xenófobos en potencia.

VIVIR DIGNAMENTE 

Conozco a algunos de los que protestaban y puedo asegurar que ya eran personas activas en las manifestaciones de hace dos veranos en la Barceloneta, vecinas y vecinos que salieron a denunciar la dejadez del gobierno de Trias en la mala gestión del turismo. Ahora vuelven a hacer lo mismo, mirad si es fácil de entender. Son ciudadanos que quieren vivir dignamente, hacer su trabajo sin trato desigual, pasear por su barrio con tranquilidad y apelar a una Administración con sentido común. No quieren causar problemas, no quieren sufrir problemas. Algunos son miembros de movimientos reivindicativos que han luchado durante muchos años para conseguir una ciudad más justa. En todo caso, son gente con la que comparto ciertas preguntas.

Por ejemplo, ¿qué hay de izquierdas en ocupar el espacio público de forma permanente? ¿Y en hacer negocios particulares, o sea privatizar? ¿Qué tiene de revolucionario que se vendan productos ilegales, sin control de calidad, sin licencias de venta, sin pagar impuestos para la bolsa común? ¿Y permitir las mafias y la explotación de gente llegada de otras partes del mundo que trabajan con total indefensión administrativa y legal? ¿Qué tiene de política social que la Administración no intervenga, que no preserve lo público, las calles y plazas, que no impida negocios irregulares? ¿Qué tiene de progresista que no se ordene a la Guardia Urbana, trabajadores públicos, que restituyan la vía pública para disfrute de todos? ¿Qué tiene de izquierdas el caos?

LA CONVIVENCIA REPUBLICANA

Reivindico la convivencia republicana, que se basa en el servicio y el máximo respeto a lo público (la 'res publica'). Pido que el espacio ciudadano, dado que es un bien común, sea preservado, ordenado y estimado de forma prioritaria para la Administración pública. Y esto lo reclamo también para actividades como la de los fontaneros, los trileros o los propietarios de pisos turísticos ilegales; y también por los abusos sobre el espacio público que a veces se cometen desde actividades legales. ¿Por qué el 'top manta' debería ser diferente? Y no creo que tengamos que aplaudir el fenómeno por el hecho de que los manteros sean víctimas de desigualdades sociales; sería como aplaudir el chabolismo porque en las barracas vive gente modesta.

Aceptar la barra libre en el paseo de la Barceloneta no es progresismo, de hecho es ultraliberalismo. Con el fenómeno del 'top manta', el gobierno Colau ha doblado por la derecha a Adam Smith y lo ha dejado tres pueblos atrás. Recordemos que el padre del liberalismo se manifestó a favor de cierta regulación para garantizar unos mercados y un comercio libres de verdad, en igualdad de condiciones. Y el caso es que el 'sálvese quien pueda' del fenómeno mantero, como el de los apartamentos turísticos, parece más propio de una economía de 'far west' que de una de libre mercado.

El 'laissez faire, laissez passer' de Barcelona en Comú empieza a ser preocupante desde una posición de izquierdas. Yo los pido, no la porra del castigo, sino un punto de orden republicano que garantice un mundo equitativo. Cuando hace un año Ada Colau ganó las elecciones municipales en Barcelona, ​​algunos sufrían de forma exagerada por el fantasma del nuevo orden revolucionario y los excesos de rigor de los soviets triunfantes. Se habrán quedado con un palmo de narices al ver esta feria donde todo se compra y todo se vende por las esquinas, este desorden de chabola que creíamos enterrado, desde hacía décadas, en la playa del Somorrostro.

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