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Prefiero ser raro a ser normal. Sí. Sinceramente. Sin ningún tipo de duda. Lo digo claramente, con voz firme y la cabeza bien alta; de la misma que manera que tendríais que hacer todos aquellos niños, adolescentes y jóvenes a los que os tachan de raros, a los que os señalan con el dedo y a los que os pretenden normalizar.

Querido, no estás solo. Si te sientes mal por ser diferente puedes enviarme un correo y hablaremos de bicho raro a bicho raro. ¡Viva la diferencia! ¿Cuál es el problema de ser diferente?

Como persona, como padre, como raro y como psicólogo me siento plenamente autorizado para afirmar con seguridad que no pasa nada, absolutamente nada por ser raro. Bueno he de reconocer que no siempre ha sido así, que durante mucho tiempo, durante muchos años, he intentado ser normal.

Mi entorno me presionaba para ser normal… todo el mundo se empeñaba en que fuera normal. Los niños de la clase, los entrenadores que he tenido, profesores, familiares e incluso personas que no conocía de nada… ¡Pero que pesada que se pone la gente a veces!

Yo quise ser normal e hice cosas absurdas para conseguirlo. Dudé de mi identidad, de mi esencia y traté de ser aceptado. Yo no sabía de qué iba la historia, pero si los niños hacían el bestia… pues yo más, siempre yo más, siempre intentando ganarme el respeto y la aceptación de los líderes de la clase, del club, del barrio…

Bastaba un… ¿A que no eres capaz de…? para que yo fuera de cabeza a demostrar mi valor y mi necesidad de ser aceptado a cualquier precio; necesidad que por otro lado, me convertía en el títere de niños, jóvenes y adultos ‘normales’…

Pasé mi infancia, mi adolescencia y mi juventud intentado ser normal y sin saberlo renuncié a mis virtudes para poder encajar en la mediocridad que me juzgaba. ¡Pero es que tenía mucha presión! Y me sentía muy solo…

Sufrí por ser un bicho raro, lloré por ello, pero un buen día comprendí que no pasaba nada, absolutamente nada, por ser raro; es más, a día de hoy, prefiero ser raro

Querido niño, adolescente o joven, celebra la diferencia, tu diferencia. Quizás estés en un entorno en el que no encajas, no pasa nada, ya encontrarás uno en el que encajes más adelante, pero entre tanto no pierdas tu esencia para convertirte en una persona más, uno más sin criterio, sin personalidad, sin autenticidad. Sé que puedes sufrir por ello, por eso reitero mi ofrecimiento, envíame un correo si lo necesitas, pero sobre todo, no pierdas lo que te define, no pierdas aquello que te distingue para que unas mentes obtusas te acepten como normal.

Todo el mundo desea normalizar, pero… ¿Qué es ser normal? ¿Qué es tener una vida normal? Yo no sé tu, pero yo no hago más que ver a personas tratando de ser normales que se dejan la felicidad, la ilusión y la salud por el camino.

Ten fe en ti y en tus posibilidades. Persevera. Ignora a las mentes cerradas que quieren que renuncies a tus virtudes y a tu punto de vista para normalizarte, para mediocrizarte. No olvides lo siguiente: que mucha gente haga algo no implica que lo que están haciendo sea normal. Algún día te explicaré con más detalle cómo funcionan los procesos de influencia, normalización y presión.

Cuando te llamen bicho raro, siéntete orgulloso… !Sí¡ Tú no eres de este mundo, yo tampoco, pero tienes todo un futuro por delante al que no debes renunciar… ¡Viva la diferencia! Si conectas con tu esencia y no renuncia a ellas, no serás una persona normal nunca… serás una persona extraordinaria y el mundo necesita menos personas normales y más personas extraordinarias.

Nunca dejarán de llamarte raro. No importa. A mí me siguen llamando raro; sin ir más lejos, hace unos días me llamaron raro, por lo que decidí escribir este artículo. Me llaman raro por mi independencia de criterio, por mis prioridades diferentes a las de las personas normales, por seguir amando, por estar receptivo a muchas cosas, por no tener un trabajo normal, por tener principios y ser coherente con ellos, por elegir cada día mi propio camino y por muchas cosas más… pero queridas personas normales, ya os aviso ahora… fui raro, soy raro y seguiré siendo raro… Me costó aceptarlo, pero no me avergüenzo lo más mínimo de ello.

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Querido niño, adolescente, joven o adulto que sufre por ser raro… Celebra la diferencia, tu diferencia. No estás solo. Celebremos juntos que somos raros, que algún día serás capaz de crear el escenario en el que te sentirás pleno, seguro y feliz y que el mundo será un lugar mejor gracias a tu contribución.

Una cosa más. Querido padre de un niño raro… Deja de juzgarle. Tu hijo necesita que le aceptes tal cual es y que le ayudes a conocerse, entenderse y a ganar seguridad. Quizás tu hijo no cumpla tus expectativas, quizás nunca llegue a vivir la vida que tenías diseñada para él… pero es mejor así, créeme, permítele que exprese su personalidad y que desarrolle sus talentos para convertirse en una persona extraordinaria