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Editorial

BCN World, del colosalismo a la racionalidad

«BCN World está muerto y enterrado». La contundencia de las palabras del vicepresidente Oriol Junqueras sobre el futuro parque recreativo de ocio y turismo junto a Port Aventura viene a cerrar el desafortunado recorrido que el proyecto ha soportado desde su presentación hace cuatro años. Una sucesión de fiascos a la hora de seleccionar a los inversores -con episodios provincianos en torno al millonario Sheldon Adelson y su Eurovegas- o los recelos políticos habían hecho dudar de que el megacomplejo pudiera algún día convertirse en realidad. Sin embargo, el borrón y cuenta nueva que ahora impulsa el Govern, y que incluye hasta el cambio de nombre de la instalación, desbloquea un plan que gana credibilidad con unas cifras mucho más racionales y, por lo tanto, creíbles. Se han reducido en un 25% los metros cuadrados edificables con alturas que no pueden sobrepasar los 70 metros, muy lejos de los 90 previstos inicialmente, mientras que las actividades relacionadas con el juego y las apuestas -uno de los puntos más conflictivos- quedan reducidas a dos casinos que ocuparán como máximo el 4% del techo del proyecto.

Cuando ya casi se daba por muerto, el megaproyecto de Salou y Vila-seca recupera ahora fuerza para asegurar la confianza de los inversores y poner en marcha un motor que regenerará no solo su territorio, sino que acrecentará el prestigio de la marca Catalunya en el mapa del turismo mundial.

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