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El modelo en el que vivimos está obsoleto. Estamos llegando a un fin de ciclo. El modelo económico no funciona. No tiene sentido que millones de personas no puedan comer y que estemos tirando comida. Si te paras a pensar tampoco tiene sentido que millones de niños no puedan ir al colegio, la única opción que tienen para ser unos adultos con recursos para poder ganarse la vida. No tiene ningún sentido que algunas personas acumulen el dinero que no podrán gastar en 10 vidas y que millones de personas no puedan ni tan solo acceder a una vivienda digna.

Hemos perdido el sentido de la espiritualidad, buscamos distracciones continuamente para no tener que pensar y tenemos demasiado ruido como para poder concentrarnos en lo importante. Siempre es mejor distraerse que pararse a pensar el sentido del montaje en el que estamos viviendo.

Acumulamos sin sentido, nos generamos necesidades que no tenemos y nos aislamos de nuestro entorno y de las personas que tenemos cerca para intentar conectar aparentemente con personas que no conocemos. Huimos hacia adelante en vez de pararnos a pensar y de organizarnos.

Esperamos un milagro y mientras esperamos no hacemos nada para conseguir tener la vida que tanto anhelamos. Esperamos que alguien venga a salvarnos la vida... Como si en realidad le importara a alguien nuestra vida. Hemos dejado de ver a las personas como personas para verlos como generadores de recursos, como clientes a los que hay que sacarles el máximo capital que podamos.

Vamos a trabajar desmotivados y desganados. Nos arrastramos por la oficina esperando la jubilación. Nos preocupamos más por defender nuestra silla que por producir. Nos interesa más la tranquilidad que la productividad. Nos motiva más atacar al compañero de mesa que colaborar por el bien de la compañía.

Nos peleamos por no perder un autobús, ignoramos el sufrimiento ajeno y apostamos por un egocentrismo desproporcionado. Nos hemos convertido en pequeños monstruos necesitados de reconocimiento. Hacemos acopio de posesiones que nos permitan marcar nuestro territorio, que muestren nuestro estatus y que compensen el sacrificio sin sentido al que nos sometemos continuamente.

Somos incapaces de mirar a los ojos de las personas, nos agobian los niños y no queremos ni ver a los ancianos. Nos hemos olvidado de amar, pero exigimos ser amados... No, perdón, exigimos ser admirados... Ya no sabemos lo que es la compasión, cooperar o colaborar... No hacemos otra cosa más que competir, competir y competir sin ser conscientes de que la evolución fue posible gracias a la cooperación.

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Necesitamos personas capaces de inspirarnos y de movilizarnos con su ejemplo, ejemplos de virtudes y valores con un profundo sentido de la responsabilidad. Sé que existe, que están en algún lugar... Necesitamos personas que transciendan más allá del interés personal y que trabajen por un interés social mucho más amplio y generalista.

Quizás, querido lector, ha llegado el momento de repensar el modelo de vida que tenemos...