01 abr 2020

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Análisis

No son buenos días para Europa, pero al menos debemos aprender del fracaso

Fue bonito mientras duró, pero los votantes del Reino Unido de la Gran Bretaña han dicho que quieren abandonar la Unión Europea. Las consecuencias reales solo se sabrán cuando se concrete la forma del divorcio, puede ser suave, manteniéndose un 'status quo' similar al noruego que es 'casi' de la UE, más distante como el de Suiza o completamente ajeno a la Unión. Reino Unido ha sido el país 'menos europeo' de todos ya que no solo no se ha adherido a distintos tratados de esta Europa a la carta sino que, además, se le devuelve parte del dinero aportado al presupuesto comunitario mediante el cheque británico, pero no por ello su partida es menos dolorosa.

El país que aloja la ciudad más cosmopolita del mundo, Londres, decide aislarse en una tremenda contradicción que abre varios cismas en su seno. Han inclinado la balanza hacia la salida las zonas rurales y los votantes de mayor edad, es decir, a quienes les importa poco la globalización. Jóvenes y profesionales de alta cualificación han votado por quedarse, pero han votado relativamente pocos. Y esa es una primera lección, las consecuencias de no votar pueden ser dramáticas. Quien no vota tiene que asumir las consecuencias de su pasividad.

ESCOCIA E IRLANDA DEL NORTE

Gran Bretaña es un país suma de países, y no todos están cómodos con la salida de la UE. Escocia e Irlanda del Norte ya plantean un posible abandono de su situación actual para permanecer en la Unión. La posición de Gibraltar es más compleja porque ahora gozaba de todos los beneficios de su metrópoli y del área de la UE. Ahora volverán a ser un enclave aislado con poco futuro.

Pero sobre todo están las consecuencias para las personas. Las decenas de miles de jubilados británicos que residen en España dejarán de tener los derechos al uso de nuestra sanidad que gozan los ciudadanos europeos. Y, en paralelo, los cientos de miles de trabajadores o estudiantes españoles en Gran Bretaña tendrán el mismo estatus que latinoamericanos, africanos o asiáticos, es decir, más trabas y menos derechos. Probablemente hay varios millones de 'damnificados' tanto ingleses como europeos. Finalmente este movimiento puede tener un efecto llamada en otros países de la Unión, como ya han anunciado algunos partidos franceses u holandeses.

MÁS AGILIDAD

Es una pésima noticia para la economía, para una Europa que aspira a ser un referente mundial y para quienes creemos en un mundo sin fronteras. Pero ya no cabe llorar la pérdida sino aprender del fracaso. Y al menos cabe dos lecciones. Por un lado, Europa necesita más agilidad para ser más atractiva. La euroburocracia y los equilibrios imposibles dan razones a quien quiere criticar para destruir. Y cuestionar la regulación de los referéndums. ¿El 51% de votos debe implicar una decisión drástica? ¿Con cualquier participación? Probablemente no, pero para ser creíbles las normas se han de definir antes de convocarlo.

No son buenos días para Europa, pero al menos aprendamos las lecciones.