Los SÁBADOS, CIENCIA

Leones en el Ermitage

En ciencia, el contenido tira del lenguaje; en arte ocurre lo contrario: el lenguaje tira del contenido

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Leones en el Ermitage

FRANCINA CORTÉS

Hace solo unos días me di de bruces con dos obras que dan alguna pista de cómo podría ser el lenguaje museográfico de un espacio de encuentro dedicado al arte y a la ciencia. La primera es un bajorrelieve asirio que se puede admirar en el British Museum y en ella aparece el temido Assurbanipal luchando con un león (siglo VII aC). El mundo de los mortales ya se había separado del mundo de los dioses y los bajorrelieves que decoran las paredes de los palacios narran sobre todo las gestas de los reyes. Uno se imagina la escena 'in vivo': el señor del palacio recibe la visita de un alto dignatario y a continuación le acompaña lenta y ceremoniosamente por salas repletas de obras que van desgranando la historia de su estirpe. Ya hay conversación para la cena.

La segunda escena ocurre a miles de kilómetros de allí más de dos milenios después. Se trata 'La caza del león en Marruecos', de Eugene Delacroix (1854), y pertenece a los tesoros del Ermitage de San Petersburgo. Ante esta pintura me vino a la memoria una expedición científica a la cordillera del Atlas en la que participé a principios de los años 90. En el centro de la tela aparece un león justo antes de ser abatido por dos cazadores nativos. Es un ejemplar de 'Panthera leo leo', más conocido como león del Atlas o león de Berbería, una subespecie originaria del norte de África y hoy totalmente extinguida en libertad.

Es fácil de reconocer por su formidable melena oscura y porque es bastante más grande que el león de la sabana. Allí, una noche en torno al fuego, un anciano nos contó que el último avistamiento de un ejemplar salvaje había ocurrido en 1929. En la aldea aún recordaban que su padre había matado un macho que amenazaba al ganado y a sus familias. Nuestro guía añadió que en el zoológico de Rabat quedaba algún ejemplar vivo, aunque probablemente hibridado ya con la subespecie subsahariana.

CAPTURADOS POR LOS ROMANOS

Delacroix había pintado el cuadro más de un siglo antes de aquella justificada hazaña y lo hizo al aire libre aunque luego lo pulió en el taller. Sin embargo, en aquella época la región no sufría aún una gran presión de la población humana. Delacroix pintó como mínimo otros dos cuadros con este tema (uno está en Chicago y el otro en Burdeos). Pero la desgracia del león del Atlas había empezado muchos siglos antes, cuando los romanos empezaron a capturarlos en el norte de África para enviarlos a luchar contra humanos o contra otros animales en sus circos. Los leones viven hoy en la sabana, por lo que el título de rey de la selva quizá proceda de aquellos tiempos remotos.

Entre el arte asirio y la pintura romántica han cambiado muchas cosas: armas de fuego en lugar de flechas, óleo sobre tela en lugar de bajorrelieves en alabastro, perspectiva cónica perfecta en lugar de figuras planas y de perfil, paisaje de bosque de montaña en lugar de llanura entre ríos… pero persiste la misma esencia de la condición humana, una especie de pasión-obsesión a medio camino entre la diversión vergonzante de derribar una fiera y la gran ilusión de apuntarse una gesta heroica.

El dentista de Minnesota que el año pasado mató al león Cecil en Zimbabue sabe bien de lo que estoy hablando. Su fotografía, mirando a cámara junto a una presa que ya no mira a ninguna parte, dio la vuelta al mundo. El lenguaje es otro, pero hay algo en el bien equipado turista cinegético que el espíritu de los tiempos no ha logrado cambiar en milenios.

AL SERVICIO DE LA INTELIGIBILIDAD

En ciencia, el lenguaje está al servicio de la inteligibilidad. Si el objeto no es demasiado complejo, un lenguaje poco sofisticado puede ser suficiente. La numeración romana basta para nombrar y ordenar siglos, pero no es muy cómoda para llevar la contabilidad de una empresa. Nadie se ofende por que un físico escriba una teoría revolucionaria con un lenguaje matemático antiguo, por mucho que a veces no quede más remedio que inventar uno nuevo. O sea, en ciencia el contenido tira del lenguaje.

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En arte ocurre lo contrario: el lenguaje tira del contenido. Clasificamos las disciplinas del arte por el lenguaje: música, escultura, cine, pintura… Y hacemos lo mismo para nombrar a los distintos movimientos que nacen y caducan dentro de cada disciplina: pintura barroca, impresionista, cubista, abstracta,… Schönberg nunca tuvo la opción de parecerse a Pergolesi por la manera de escribir sus partituras, hubiera ofendido gravemente a la comunidad melómana de su época.

Revolución en arte significa revolución de lenguaje. En cambio, sus contenidos siempre orbitan en torno a una misma esencia: la condición humana. Merodear por el territorio fronterizo entre arte y ciencia es una tentación y la idea es no resistirse y dejarse caer en ella. En un museo los textos y los audiovisuales representan la realidad. Un buen lenguaje museográfico no representa la realidad, sencillamente la presenta.

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