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Al contrataque

De nuevo, elecciones. De nuevo, una campaña para gastar dinero, palabras y promesas. De nuevo, elecciones por la incapacidad de los partidos en pactar sin entender lo que necesita y debe afrontar el país. Hablan de banderas y crecimiento mientras esquivan el hueso de coordinar políticas sociales, redimensionar el gasto público, hacer frente a los pagos de nuestras deudas, armonizar una nueva y más justa política fiscal y repensar las pensiones ya que el sistema está en quiebra. Y esto no es nuevo.

Esto ya lo sabían antes del 20-D, con lo que al final resultará que los políticos, más que en una de nuestras soluciones, se están convirtiendo en una traba para afrontar de una vez nuestros problemas. Tanto es así que merecerían que todo el mundo votase lo mismo que hace unos meses, y a ver qué nos iban a decir entonces. De todos modos, este patetismo partitocrático lo que pone de relieve es que el mundo avanza sin necesidad de intermediarios tan torpes, lo cual no quiere decir que avance de manera justa ni responsable.

Hablo de dos temas recurrentes: la NSA y la pérdida total de privacidad para los negocios, vida personal o lo que sea, sin control ciudadano del mercadeo de estos datos; y por otro lado, el TTIP. La llamada Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión, que en teoría es un tratado de libre comercio entre la UE y EEUU. Para buscar el entente que permita la firma, Obama y Merkel (por si alguien aún no sabía quién manda en la Europa del euro) se han reunido estos meses y, según filtra Greenpeace, los intereses que mandan son los de los lobis. Y los americanos son más duros que los europeos.

REBAJA DE ESTÁNDARES

Vamos, que las regulaciones europeas más respetuosas con el medio ambiente son un problema. Sobre pesticidas, carne hormonada o cosméticos interesaría rebajar los estándares europeos, pero aún habría más. Por lo que se ve, el texto está lleno de referencias a consultar con las grandes empresas y patronales.

Así es como podría estar quedando relegado nuestro poder. Ese que una vez soñamos tener y que una vez entregado a los políticos, ellos se sentaron a la mesa junto al gran capital y empezaron a olvidar a quién representaban. Y ahora estamos tan lejos de poder negociar de igual a igual con los señores del mundo, que nuestros supuestos representantes ya no hacen ni el esfuerzo de compartir con nosotros el debate.

Ahora llenan nuestras calles y buzones con sus caras; nuestras teles de postureos, insultos y debates estériles para marcar paquete, para ganar nuestro voto y así, su excusa. La excusa para que cuando la Historia les pida cuentas, de cómo en esta época se demolió el edificio del bien común y la resistencia para cuidar el medio ambiente, ellos puedan decir que fuimos nosotros, votándoles, los que les dimos el mandato.

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