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MI HERMOSA LAVANDERÍA

Hologramas de pelo azul

Isabel Coixet

Hatsune Miku está actuando en estos momentos en alguna ciudad americana de las 24 que componen su gira americana, que empezó el 28 de mayo en el Hammerstein Ballroom de Manhattan. Es una cantante pop japonesa de pelo azul y lo lleva normalmente recogido en dos largas coletas. A diferencia de otros ídolos pop, Hatsune Miku no tiene un séquito que la acompañe. Tampoco necesita maquilladores, ni reclama absurdas peticiones como agua mineral San Pellegrino para lavarse el pelo, o tofu orgánico y hummus, o cientos de rosas blancas, o un quiropráctico a pie de escenario, como Mariah Carey Taylor Swift. Hatsune Miku es incansable sobre el escenario. No suda, no come, no bebe, no se cae, no se equivoca, no tropieza, no falla nunca. Nunca se olvida de la letra de sus canciones. Todavía no se le conocen romances y guarda su vida privada con enorme secretismo.

Hatsune Miku tiene 16 años  y los tendrá durante mucho tiempo. Hatsune Miku es un holograma creado por la compañía japonesa Crypton Future Media que ya ha grabado más de 170 canciones y que ha actuado en varios países de Asia. Hace un par de años, su presencia en el talk show de David Letterman fue muy celebrada (y parodiada), pero hasta ahora no había emprendido en serio la conquista del público americano. El sueño de cualquier compañía discográfica se ha cumplido: un ídolo pop que no se droga, que no se agota, que no tiene otra vida que la del estudio de grabación y el escenario, que no protesta, que no reclama que un médico le dé dosis diarias de calmantes y que puede dar 24 conciertos en 24 días. Conciertos en los que la gente paga como si fuera a ver a alguien real.

Supongo que si te gastas 50 dólares para ver un holograma, te tienes que convencer de que lo que ves es real, porque si no, no consigo explicármelo. He intentado escuchar entera alguna canción de Hatsune Miku, pero ni con mi mejor voluntad lo he conseguido. Son temas de una dulzura histérica, apenas distinguibles unos de otros, dirigidos a un público adolescente, me imagino. Lo cierto es que también me pasa con One Direction, Justin Bieber, David Bisbal y unos cuantos grupos y cantantes que me producen un profundo rechazo, cercano a la alergia.

Durante años se ha hablado de crear hologramas de Michael Jackson o de Elvis Presley que creen la ilusión entre el público de que siguen vivos. Ha habido intentos bastante chapuceros, pero la tecnología ya permite perfeccionar estas fantasmales presencias. El advenimiento de Hatsune Miku hace prever que en un futuro muy cercano los escenarios se llenarán de artistas fabricados, que no tendrán nada que envidiar a los pobres Milli Vanilli. Y en el público, filas y filas de una audiencia en holograma aplaudirá virtualmente a esos artistas que no existen.