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Mònica Terribas, durante el debate electoral de TV-3.

El debate, la 'vedette' y la 'costellada'

Ferran Monegal

Mònica Terribas no hizo de moderadora, ¡hizo de animadora y gran estrella del debate!

No hizo de moderadora, ¡hizo de animadora y gran estrella del debate! Me refiero a Mònica Terribas al frente del especial de TV-3 con los cabeza de lista catalanes. ¡Ah! ¡Qué artistaza! ¡Qué posturismo sobre la marcha! Se movía continuamente, interrogaba, metía baza, pullas irónicas, incluso alguna perdigonada. Reía, gesticulaba, hacía ingeniosas figuras con sus manos, lanzaba prólogos y subprólogos como si estuviera haciendo monólogos mirando a cámara. Los escenógrafos de la casa habían dispuesto el plató para que esta gran artista resaltase. Estaba colocada en el centro, en la parte superior de la pantalla, y los políticos, puestos en forma de uve, confluían en ella por sus costados como los 'boys' y las coristas confluían y arropaban a la 'vedette' en aquellas revistas del Paralelo de Colsada. Cada vez que nos ofrecían un plano general, el centro lo copaba Mònica; y a los políticos les veíamos de perfil -cuando no de cogote- en el mejor de los casos. Nunca habíamos visto un debate en el que la moderadora actuase como la artista principal, con todo el aparato escénico, y los 'tiros de cámara', sobre ella depositados. ¡Ah! Qué gran aportación al 'star system'. Mònica comenzó con el sistema de la pregunta secreta, ese ejercicio tan entretenido y picante en que el político no sabe quién la ha formulado y tiene que adivinarlo. Mònica les iba gritando: «¡No! ¡Nooo!» o bien «¡Síii! ¡Correctooo!» con una alegría bárbara. Era tanto su entusiasmo que a mí me recordó a Silvia Jato cuando presentaba el concurso 'Pasapalabra'. Insuflaba energía para que los concursantes, o sea, los políticos, se contagiasen y dieran espectáculo. A lo largo de la velada vimos golpes de Mònica muy humanos.

Rufián (ERC) le miraba con una ternura extraordinaria. Le tuteaba. Al que no tuteó nunca fue a Fernández Díaz (PP). Pero esas cosas pasan. Es como cuando vamos a La Floresta, o a Les Planes, a hacer una 'costellada': siempre hay una animadora que demuestra más pasión por una que por otra criatura 'kumbayá'.

¡Ah! Hemos asistido a una pintoresca reinvención del debate televisado. Cada político tocaba virtuosamente su instrumento, pero el público solo mirábamos a la sensacional vocalista que era el centro y gran protagonista del combo musical. Aconsejo a TV-3 que compre El Molino, que está en venta, y que monte allí su próximo debate.

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