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La clave

Zapatero, Hitler, De Gea y Montilla

Juancho Dumall

Era seguro que en la campaña electoral iban a salir los nombres de unos cuantos sospechosos habituales usados como armas arrojadizas: MaduroTsiprasBárcenas... Pero a un elenco desgastado por meses de pugna política han venido a sumarse apellidos de refresco. Estos son cuatro de ellos.

José Luis Rodríguez Zapatero. Lo curiosos en el caso del expresidente es que su nombre ha sido ventilado por los populares (lo cual no es noticia), como referencia a la España del paro y de la crisis a la que volveríamos si gana la izquierda, y por Podemos (ahí está la novedad). Pablo Iglesias, con evidentes ganas de enredar en el corral ajeno, calificó a ZP de "mejor presidente de nuestra democracia". Era un torpedo contra el PSOE en sus horas más bajas y un signo de moderación del partido morado. Pero es llamativo que Iglesias borre de la nómina de la casta a quien presidía el Gobierno en el histórico 15-M del 2011.

Adolf Hitler. La llamada Ley de Godwin dice que en la medida que una discusión se alarga, crece la posibilidad de que uno de los dos participantes mencione a los nazis. Eso es lo que hizo el viernes el ministro de Asuntos ExterioresJosé Manuel García-Margallo al comparar la victoria electoral en Catalunya de En Comú Podem con la de Hitler en 1932. Lamentable tic de quien pasa por ser uno de los ministros más moderados y más viajados del Gobierno de Rajoy.

El portero de la selección

David de Gea. El candidato socialista, Pedro Sánchez, dijo no sentirse cómodo al tener como portero de la selección a un jugador envuelto en un escándalo de abusos sexuales. Posiblemente el dirigente del PSOE quiso empatizar con los sectores más sensibles al rechazo de la prostitución y de la presión a las mujeres en el mundo del cine porno. Pero ni lo expresó bien, ni luego ha seguido con el asunto.

José Montilla. Otro socialista resucitado para la ocasión. Esta vez es el candidato convergente, Francesc Homs, quien echa en cara a ERC haber convertido en 'president' a Montilla. Un argumento bastante forzado para arremeter contra sus socios de Junts pel Sí por una decisión ¡de hace diez años!