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EDITORIAL

Nadie gana con el 'Brexit'

La mezcla de nostalgia del pasado, incierto futuro y llegada del 'otro' dispara los instintos más primarios

Las máximas autoridades europeas, Donad Tusk y Jean-Claude Juncker, así como instituciones internacionales como el FMI han tocado a rebato ante el avance de los partidarios del Brexit en el referéndum que se celebrará en el Reino Unido el próximo jueves. Ciertamente, los resultados de los sondeos son alarmantes. No solo el proyecto europeo quedaría muy tocado de ganar los partidarios de la salida del Reino Unido de la UE, sino que además habría consecuencias negativas directas en las economías de los países miembros, sobre todo Irlanda, Malta, Chipre, Holanda o Bélgica. España también se vería afectada, ya que el Reino Unido es su primer cliente turístico, el principal destino de las inversiones directas españolas en el exterior y el principal inversor extranjero en el país. No es discurso del miedo afirmar que la UE en su conjunto se vería afectada.

Es lógica la preocupación de las altas instancias, pero llega demasiado tarde, cuando estos mismos dirigentes ahora alarmados no han querido o sabido defender los principios que sustentan la UE ante crisis como la económica o la de los refugiados. Si pensaban que la permanencia del Reino Unido en la UE quedaba zanjada con los acuerdos que alcanzó David Cameron el pasado febrero con Bruselas, estaban muy equivocados. Las concesiones hechas a Londres fueron uno de estos pactos que solo debilitan a quienes los firman. En este caso, a la UE, que ahondó en la excepcionalidad británica ya institucionalizada en acuerdos anteriores, y al propio Cameron, porque lo firmado no podía satisfacer a unos antieuropeístas que nunca tienen suficiente.

La mezcla de nostalgia del pasado, de un incierto futuro y de la llegada del otro, debidamente aderezada por la retórica inmunda de personajes como Nigel Farage, es campo abonado para dar rienda suelta a los instintos más primarios. En la recta final parece que todo vale, ensangrentada la campaña por el asesinato de una diputada laborista partidaria de la permanencia en la UE, a manos presuntamente de un neonazi. Sea cual sea el resultado, todos perderemos. En términos políticos, porque pase lo que pase el impulso disgregador no se detendrá. Y en términos económicos, porque la victoria del Brexit sumaría aún mayores dificultades cuando todavía no se ha salido de la crisis. La dignidad ya se perdió hace tiempo.

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