EL AMFITEATRO

El emperador y la muerte

El director Pedro Halffter ha revisado la ópera 'Der Kaiser von Atlantis', de Viktor Ullmann, y la ha ampliado para una gran orquesta con resultado decepcionante

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Albert Casals (Soldado) y Sonia de Munck (Bubikopf), durante un ensayo de la ópera ’El emperador de la Atlántida, de Viktor Ullmann, en el Teatro Real. / JAVIER DEL REAL / TEATRO REAL

Albert Casals (Soldado) y Sonia de Munck (Bubikopf), durante un ensayo de la ópera ’El emperador de la Atlántida, de Viktor Ullmann, en el Teatro Real.
Dos bailarinas, durante el ensayo de la ópera ’El emperador de la Atlántida’, de Viktor Ullmann, estrenada en el Teatro Real.

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Al director Pedro Halffter hay que agradecerle la difusión de compositores cuya música el nazismo calificó de “degenerada” ('Entartete Musik') y sobre los que cayó el olvido. Sus obras están entrando en la programación de auditorios y teatros de ópera europeos y ahora están llegando a los españoles.

Con pocas semanas de diferencia hay programados ‘Der Kaiser von Atlantis’ ('El emperador de la Atlántida'), de Viktor Ullmann, ahora en el Teatro Real de Madrid, y ‘Der König Kandaules’, de Alexander von Zemlinsky, próximamente en el Teatro de la Maestranza de SevillaLo que no es tanto de agradecer a Halffter es la alteración musical a la que ha sometido la ópera de Ullmann.

El compositor había nacido en el seno de una familia judía plenamente asimilada hasta el punto de que su padre era un oficial del Ejército imperial. A la gran tradición cultural y particularmente musical absorbida en un ambiente acomodado de la sociedad austro-húngara, Ullmann sumó el aprendizaje de las vanguardias musicales. Fue compañero de Arnold Schönberg en Viena y asistente de Zemlinsky en Praga.

En 1942 fue deportado al campo de concentración de Terezín, un falso escaparate cultural con el que el nazismo pretendía –y en algunos casos conseguía-- engatusar al mundo sobre las bondades de un régimen abyecto. Alli Ullmann fue una especie de autoridad música del campo donde compuso varias obras.

Una de ellas es 'El emperador de la Atlántida o la abdicación de la muerte', una ópera escrita en 1943 contando con los escasos efectivos musicales que había allí. Así resultaba una orquesta de cámara de una quincena de instrumentos tan variados y tan poco ‘sinfónicos’ como un banjo, un armonio, un clave, o una saxo alto, además de cuerdas, metales y madera y percusión. El resultado es una partitura vivaz que resume la música que se hacía en Europa central en los años 30 y primeros 40. Se ha dicho de Ullmann que es el eslabón entre la Segunda Escuela de Viena, es decir, Schönberg o Berg, y Kurt Weill, el jazz y el cabaret.

UNA CARICATURA // La historia que explica el libreto de Peter Kien, también recluido en Terezín, es la del Emperador Overall (Por encima de todo), un dictador enloquecido que decreta la guerra de todos contra todos, la guerra total (Goebbels la había proclamado en 1943). La Muerte se rebela: “¡Llevarse las almas de los hombres es mi trabajo, no el suyo”!, clama, y se niega a proseguir su trabajo. Pese a ser tiroteados o ahorcados, los hombres no mueren para desesperación del Emperador. Un pacto entre éste y la Muerte concluye que la guadaña volverá a trabajar, pero a condición de que el Káiser sea el primero en morir.

'El emperador de Atlantis' puede leerse como una caricatura de Hitler, como una parábola del poder absoluto. Es también un alegato antibelicista --a los 18 años Ullmann vivió directamente la primera guerra mundial--, encarnado por la pareja formada por el Soldado y por Bubikopf (La chica a 'la garçonne'), combatientes en bandos opuestos que al final se enamoran poniendo de manifiesto la absurdidad de la violencia. 

Pese a que se llegó a hacer el ensayo general, nunca se representó. En octubre de 1944 Ullmann fue deportado a Auschwitz donde murió en una cámara de gas. Kien y varios intérpretes de la obra tuvieron el mismo fin. Es imposible separar la ópera de las circunstancias en las que fue escrita y en el trágico final de sus autores. Por eso resulta una obra muy conmovedora.

TRES AÑADIDOS // En el Teatro Real Halffter ha pretendido precisamente separar la obra de su contexto. Para ello, ha alargado el espectáculo que, sin aditamentos, dura una hora escasamente, y revisado la partitura original de Ullmann ampliándola para gran orquesta. El resultado es decepcionante por pretencioso.

El director pone al principio 'El canto de amor y muerte del corneta Christoph Rilke', con letra de Rainer Maria Rilke, para narrador y orquesta. Es una obra que el compositor escribió en Terezín en 1944, poco antes de ser conducido a Auschwitz. La actriz Blanca Portillo narra el poema con tal intensidad dramática, aunque excesivamente amplificada, que permite olvidar un movimiento escénico y un vídeo insignificantes.

A esta primera pieza siguen otras dos compuestas por el propio Halffter basadas en la 'Sonata para piano n. 7' de Ullmann. Luego viene la ópera. La adaptación de la partituta para una orquesta de 86 músicos que dirigía Halffter no le hace ningún favor a 'El emperador de la Atlántida'. El mordiente, el aguijón, que podía tener la versión original interpretada por una especie de banda con el brío expresionista de la partitura desaparece bajo un alud sinfónico al que varios añadidos restan fuerza. La parte más jazzística queda diluida, incluso el impactante inicio con las palabras  'Hallo, Hallo!', tras unos breves acordes, pierde la potencia con la que Ullmann sitúa de entrada al espectador ante su fábula de muerte.

La puesta en escena de Gustavo Tambascio contribuye a restar peso a la ópera. Situada en un tiempo indefinido no resulta fácil seguir la acción y a los personajes. Vocalmente dominó la corrección con Alejandor Marco-Buhrmester (El emperador Overall), Martin Winkler (El Altavoz), Torben Jürgens (La Muerte), Roger Padullés (Arlequin), Albert Casals (Un soldado), Sonia de Munck (Bubikopf) y Ana Ibarra (El tambor mayor).

Esta revisión ampliada para gran orquesta no suma y hace cierto el dicho de que menos es más como han demostrado otras interpretaciones de esta ópera en su marco orquestal original, como es el caso de la presentada en Lyon hace pocos meses

Además de en 'Moses und Aron' de Schönberg, que coincide en la programación del Real, el espíritu musical del tiempo que Halffter hace casi desaparecer en su particular adaptación de 'El Emperador', se podía encontrar, ahí sí, en el concierto matinal en el mismo teatro, con 'Música sinfónica para nueve instrumentistas', de Ernest Krenek, y el 'Sexteto para cuerda en Re mayor, op 10', de Erich Wolfgang Korngold, interpretados por solistas de la orquesta titular de Real.

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