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Dos miradas

Ya está bien. Ya es suficiente. Están al mismo nivel las declaraciones del imán de Orlando, previendo el castigo de la divinidad, y las del cardenal Cañizares cuando habla de los «ataques del imperio gay». No es una cuestión de derechos de los homosexuales ni de la colectividad LGTB, es un asunto de principios, de creencias radicales en contra de la intolerancia y del odio que ahora parece que puede ser juzgado por un tribunal, después de tantas sandeces que no son gratuitas sino que cargan de gasolina el motor de la coerción y el rencor.

En el atentado de Orlando, como hacía el prestigioso Haaretz, podemos hablar de cómo influirá el tiroteo en el auge de la derecha islamófoba, de cómo la práctica de la violencia es una buena noticia para las ideas conservadoras, de cómo afectará al debate sobre el uso de armas, pero sobre todo hablamos sobre la decencia, la bondad y la vida. Me lo explica, desolado, empapado de silencio, mi amigo Dan, judío y homosexual. Hablamos de la integridad moral, de las personas buenas que simplemente disfrutan tanto como pueden de la vida y del sexo, por encima de las barreras y los obstáculos políticos y sociales. Y a mí me parece muy bien que la Geperudeta y la Moreneta se morreen con entusiasmo febril en un cartel. Porque ya basta. No hablamos solo de homosexuales asesinados, hablamos de la humanidad, de la única forma de ser libres, que es serlo sin miedo, sin doctrinas, sin imposiciones ni balas ni sermones.

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