CARTA A LOS CANDIDATOS

Todas las vidas merecen la misma dignidad

Llévennos a tierra firme: queremos un pasaje seguro aunque sea desobedeciendo a quien haga falta

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El cuerpo de Aylan Kurdi, un bebé de 3 años, apareció en las costas turcas en septiembre del 2015 y se convirtió en la imagen de la crisis de los refugiados. 

El cuerpo de Aylan Kurdi, un bebé de 3 años, apareció en las costas turcas en septiembre del 2015 y se convirtió en la imagen de la crisis de los refugiados.  / AP

Señores candidatos,

Permítanme que me dirija a ustedes utilizando un símil con una realidad que conozco bien: las pateras. Les ruego que recurran a la ficción que tan bien usan para diseñar sus campañas electorales y que, por un momento, se imaginen al mando de una patera con 46 millones y medio de personas. Son las vidas de la gente que forma el pueblo, su pueblo que, por cierto, ya ha dicho repetidamente que quiere unos gobernantes que protejan la vida de aquellas personas que cruzan el mar en los confines de Europa (en condiciones poco menos que suicidas) para encontrar, simplemente, la paz. Se llama solidaridad y humanidad.

Pero volvamos a nuestro guion: ustedes gobiernan una patera, una vieja chalupa, la única que nos han ofrecido las mafias -¿les suena?- y por la que sus pasajeros pagamos un precio de crucero de lujo cuando, en realidad, solo dispone de chalecos salvavidas (cada vez más raídos, a menudo falsificados) para la clase media y alta que, además, ya sabe nadar. Son el 30% del pasaje y van muy bien situados: apenas se mojan ni sufren los embates del mar. Pero en el resto de la maltrecha embarcación,el 50% de esos 46 millones y medio, viajan hacinados. Son la clase trabajadora y la mayoría, que ni lleva chaleco ni sabe nadar, viaja a expensas de condiciones meteorológicas cambiantes, expuestos al oleaje y al agua helada que les va calando los huesos. La parte más dramática se la lleva el 20% restante: aquellos que viven en precario, que no caben dentro de la patera, que viajan agarrados a los costados de la barca, castigados por el mar y sujetos por la solidaridad de los demás. ¿No les da pavor? Pues realmente, nosotros estamos al borde del pánico.

Y nos espera una durísima travesía. La previsión marítima es pésima. Nos vigilan atentamente los barcos oficiales de la UE --esos a los que ustedes les rinden tanta pleitesía-- para intentar impedir cualquier maniobra que nos lleve a la otra orilla. Pero ustedes tienen la responsabilidad de llevarnos a buen puerto, sin que ninguno de nosotros perezca porque todas las vidas son importantes. Y no va a ser fácil: necesitarán algo más que una buena y actualizada carta de navegación para sortear rocas y peligros, necesitarán mucha determinación para escoger bien el rumbo y evitar que los golpes del mar dañen a los más débiles, tendrán que redistribuir los chalecos salvavidas con sentido común y proteger a los más vulnerables. Les hará falta destreza para no perder a nadie y mucho valor para soportar el agresivo acoso de la policía de Frontex y, sobre todo, mucha honradez para esquivar a las mafias durante el tiempo que dure la travesía, que no va a ser, ni mucho menos, poco.

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Señores candidatos, llévennos a tierra firme: queremos un pasaje seguro aunque sea desobedeciendo a quien haga falta. Olvídense de la codicia, de lujos inquietantes y hagan el favor de gobernar nuestra patera pensando en todos, defendiendo el bien común y el interés general. Todas nuestras vidas merecen la misma dignidad.

*Director de la oenegé Proactiva Open Arms.