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Al contrataque

Un atasco en la Diagonal de Barcelona.

FERRAN NADEU

Atáscame otra vez

Risto Mejide

Manos arriba, esto es un atasco. No, no se trata solo de una acumulación de vehículos, es muchísimo más. Es donde se amontonan todas las prisas, donde se nos encallan las vanidades, donde los ricos y los no tan ricos se ven obligados a esperarse por igual, porque aquí no hay clase business que valga, ni zona vip, ni espacios reservados, ni fast track. Aquí da igual lo que corra tu coche, porque a los vehículos les pasa como a las personas: todos los parados cuentan lo mismo, aunque todos sepamos que no valen igual. No hay nada tan socialdemócrata como un buen atasco. Y si no, ya ves el rédito que Unidos Podemos le está sacando al hecho de que no hayan podido unirse los demás.

Manos arriba, esto es un atasco. El momento del día que vive un medio tan importante como la radio. Porque qué sería de la radio sin un buen atasco todos los días. El poder de comunicar sin imagen, un poder que siempre amenazan con que se perderá. Pues yo no lo creo, oiga. En un mundo saturado de estímulos visuales, cada vez soy más militante de las cosas que aún nos permiten desarrollar algo tan necesario como la imaginación. Un buen programa de radio, un buen libro y un buen silencio, una buena historia que contar. Algo que no nos lo den ya mascadito, algo que nos haga pensar imaginando, la definición que siempre da Manuela Romo cuando le preguntan qué es la creatividad.

Manos arriba, esto es un atasco. Ha llegado el momento de acordarse de la familia del alcalde o alcaldesa. De los vivos y de sus muertos, también. De sus ideas felices para «mejorar» la ciudad. Algunos aprovechan para realizar perforaciones nasales que ríete tú del proyecto Castor. Algún día alguien estudiará hasta dónde puede llegarse uno por vía nasal. Y habrá arqueólogos que dejarán las dunas de Egipto para adentrarse en la parte baja del asiento de los que nos dejaron su huella para la posteridad. Pero el verdadero misterio es por qué todo atasco hace el acordeón. Por qué tu fila es la que siempre se para primero. O por qué aún hay gente que se intenta colar, total para tener que pararse un par de insultos más allá.

Manos arriba, esto es un atasco. Y de repente, una ambulancia. Alguien que sí tiene prisa pero de verdad. Y nos entra de pronto una vergüenza extrema por todo lo que hasta hace un momento reivindicábamos, ese derecho a poder apartar de nuestras vidas a todos los demás. Es entonces cuando hacemos un hueco, abochornados, nos apartamos para que pase, y es nuestra forma de pedir perdón ante tanta arrogancia. Es entonces cuando, de manera tan egoísta como humana, agradecemos no tener ese tipo de urgencia.

Todo hasta que volvemos al arranca para.

Todo hasta que se nos vuelve a olvidar.

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