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Mi hermosa lavandería

Mundo emoji

Isabel Coixet

¿Te sientes al borde de un ataque de ira y tienes que reprimirte para no dar patadas a las sillas?    ¿Querrías estrangular al de la parada del mercado que te ha colado un melón sin sabor y unos nísperos pochos?       ¿Estás wasapeándote con un conocido que se está poniendo especialmente pesado?          ¿Por esas cosas de la vida te has levantado de un humor excelente y quieres compartirlo con el mundo?  Existe un emoji para cada una de estas situaciones y para algunos millones más que todavía no se han producido. El mundo cada día se comunica más con estos pequeños símbolos que traducen y simplifican nuestras emociones con una admirable economía de medios y que probablemente nos ahorran algo de tiempo a la hora de teclear. 

Una conocida publicación elaboró hace poco una lista de directores de cine con una biografía en emoji y me vi reducida a cuatro emojis que, por supuesto, incluían gafas, paraguas y ramen.     

Reconozco que el ejercicio me sorprendió, pero igual tiene sentido no malgastar demasiadas palabras en textos inútiles como biografías y demás. Lo malo es que como somos animales de costumbres que tienden al mínimo esfuerzo, ya existen seres humanos que, a partir de los 7 años en adelante, exclusivamente se comunican con algunas (pocas) palabras abreviadas y con emojis. De la misma manera que decir las cosas por wasap está sustituyendo a las llamadas de teléfono, los emojis están sustituyendo a las palabras y ya hay autores que están escribiendo relatos y hasta cuentos en emoji. No pondría la mano en el fuego por la complejidad de estos textos y veo francamente muy difícil que alguien pudiera escribir una novela con la profundidad de 'Madame Bovary' o 'La Regenta' en emoji. Pero '50 sombras de Grey' seguro que tiene una fácil traducción y tambien el 90% de los libros que pretenden arreglarte la vida en 100 páginas que decoran las mesas de las librerías de los aeropuertos. 

El problema está en que si empezamos a hipersimplificar la expresión de lo que sentimos, vamos a acabar reduciendo también la riqueza y la extrañeza de lo que sentimos, y eso es lo que, de momento, nos diferencia de los androides y hasta de las ovejas, eléctricas o no. Todavía no he encontrado un emoji que consiga expresar la melancolía que siento algunas tardes de domingo a eso de las siete de la tarde. O delante de un mar en invierno. O cuando me doy la vuelta en una sala de cine después de ver una película particularmente emocionante y veo que he sido la única espectadora.

Aunque igual en estos momentos una cría de 6 años en algún lugar del mundo ya está inventando uno.  

Temas: Emoticonos

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