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Al contrataque

Okupas de la democracia

Jordi Évole

El resultado de la consulta de Tortosa demuestra lo que todos sabemos: que el franquismo se asentó tanto en España que no se ha ido del todo

En Tortosa ha tenido lugar una consulta que me ha dejado perplejo. Los tortosinos fueron convocados a votar si querían que se retirara un monolito que inauguró Franco como homenaje a la batalla del Ebro. Es el mayor monumento franquista que hay en Catalunya: tiene 45 metros de altura. Resultado de la votación: los partidarios de mantener el obelisco han ganado. Bueno, las normas democráticas derruidas por los que colocaron el monumento permiten ahora no derruir los símbolos de la dictadura. Igual esa es una de las mayores grandezas de ese sistema definido por algunos como «el menos malo de todos los sistemas».

He leído que uno de los argumentos esgrimidos para que el monolito siga en pie es que derribarlo cuesta un dinero. Lo consideran un gasto superfluo. Sí, ya sé que estamos en crisis. Es más, yo diría que el resultado de esta consulta confirma que la crisis no es solo económica... Si nos despistamos, un día acabaremos votando contra la democracia porque cuesta dinero. Claro que cuesta dinero, pero el fin no justifica los remedios. También los que defraudan a Hacienda se ahorran pasta. Seguro que lo consideran un gasto superfluo, pero perjudican a la sociedad, porque de esta manera tenemos menos recursos para financiar nuestra democracia y, de paso, para derruir monumentos a la dictadura. Si falta pasta, busquemos soluciones que no corrompan nuestro sistema. Por mucho que ahorres, mantener un símbolo franquista también puede ser un fraude a la democracia.

Además del ahorro, he leído que los partidarios de conservar el paisaje del franquismo dicen que están tan acostumbrados a ver el monolito que ya no les molesta. Igual me equivoco, pero eso me suena a «para qué queríamos una democracia si ya estábamos acostumbrados a una dictadura».

Aún queda franquismo

El resultado de esta consulta demuestra lo que todos sabemos: que el régimen se asentó tanto en España que no se ha ido del todo. Quedan restos, o por devoción o por indiferencia. Y a veces la indiferencia, como le da igual, se pone del lado de la devoción. A este paso, la memoria histórica acabará consistiendo en no olvidarnos de que aún hay gente que se pone nostálgica cuando recuerda esa época en la que Franco fue un okupa del poder. Por cierto, fijo que esos nostálgicos se lo han pasado bomba al leer que el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, ha dicho que «las dictaduras no tienen democracia, no tienen libertad, pero tienen cierta paz y orden porque todo el mundo sabe lo que hay». Estoy convencido de que Rivera no defiende los regímenes dictatoriales. Pero sacarle virtudes a las dictaduras, aunque solo sean ciertas virtudes, me parece un defecto. También el franquismo, al inaugurar el monumento de Tortosa, habló de paz: de «25 años de paz» tras la guerra civil. Otro defecto: confundir la paz con el miedo.

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