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Los hechos de Gràcia y el 'banc expropiat' han propiciado que se hable mucho de propiedad, de viviendas vacías, de locales ocupados y de modalidades de uso. Pero no nos detengamos en el caso y discutamos sobre cómo replantear las relaciones entre propiedad, uso y acceso a la vivienda o a espacios de actividad social y colectiva. El Ayuntamiento de Barcelona prepara lo que aquí es una innovadora propuesta mediante la cual saca a concurso la posibilidad de construir cooperativas de vivienda en solares municipales, en régimen de cesión de uso del suelo.

De esta manera, se evita la especulación inmobiliaria, se mantiene la propiedad pública del suelo y se fomenta el cooperativismo en un tema tan crucial como el de la vivienda. Es una forma de partenariado entre institución y colectivos interesados en ir más allá de una lógica privativa. Se sigue así, aunque con mucho retraso, experiencias de éxito como las que se dan en Dinamarca, Uruguay o Canadá.

Se trata de solares no muy grandes en los que la construcción de grandes unidades de vivienda pública no es viable, pero que en cambio pueden funcionar para grupos de personas (por ejemplo, jóvenes o mayores en busca de servicios compartidos) que busquen formas más comunitarias de convivencia.

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Se propicia asimismo la 'masoveria urbana',rescatando la conocida fórmula de trabajo a cambio de vivienda y subsistencia tan arraigada en Catalunya en su momento, y que puede tener también viabilidad en casas o edificios que necesitan rehabilitación, en los que quienes lleven a cabo las obras puedan a cambio residir sin coste en el lugar, acordando con el propietario la modalidad y los plazos.

Celebro que se exploren vías para resolver problemas graves como el de la vivienda, con alternativas que van más allá del binomio propiedad-no propiedad.

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