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La rueda

Los cadáveres del PSOE

Antón Losada

Los ERE constituyen un caso de fraude, pero también de corrupción política

El mismo día que conocíamos cómo el paro bajaba de los cuatro millones de personas por primera vez desde el 2010 los socialistas veían cómo revivía en el armario su peor cadáver. Que dos pesos pesados de su historia como Manuel Chaves y José Antonio Griñán hayan tenido que pedir la baja en el partido como si fueran fugitivos que huyen en mitad de la noche es otro golpe para la moral de una organización convencida de que pelea para quedar segunda el 26-J.

Los socialistas alegan haber sumido sus responsabilidades políticas. Defienden la ejemplaridad de la marcha de Griñán y Chaves frente a la resistencia numantita de casos como Rita Barberá o Arias Cañete. También invocan la honradez personal de ambos expresidentes frente a los trinques y los volquetes de putas de personajes como Francisco Granados o el Bigotes. Es cierto. Pero hace tiempo que ese y tú más solo sirve de consuelo.

Los ERE constituyen un caso de fraude pero también de corrupción política. Son insoportables y delictivos los millones desviados a personas y empresas que mintieron y falsificaron para recibir unas ayudas injustificables. Pero resultan también indignantes los millones entregados legalmente a empresas privadas y amigos para que renovasen sus plantillas o asegurasen sus beneficios con dinero público. Los presupuestos de una Administración no están para pagar chantajes, paz social o redes clientelares; ni en Sevilla ni en Barcelona. Esa es la parte de la historia que el PSOE aún no sabe reconocer.

Populares y socialistas dan por amortizados sus casos de corrupción. Se muestran convencidos de que si había algo que pagar ya lo abonaron en diciembre. Si lo dicen para salir del paso y pretender que no pasa nada, está bien. Si lo afirman porque se lo creen demuestran hasta qué punto siguen viviendo en otro país y creen que gobiernan a otra gente.

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