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Dos miradas

El mosso culpable

Emma Riverola

Cada noche, cuando la oscuridad llega a él y a su víctima Ester Quintana por igual, él sabe que está desnudo. Con su culpa

Sigue en su puesto. Luciendo su placa. Colocándose el casco. Patrullando. Haciéndose cargo de nuestra protección… Él sabe que es culpable. Es plenamente consciente de que fue su arma la que disparó el proyectil que mutiló a Ester Quintana. Quizá lo sepa alguien más. Algún compañero. Su pareja. ¿Lo sabrán sus hijos si los tiene? Si un día es padre, ¿les dejará la verdad en herencia? ¿O seguirá callando mientras les da lecciones de integridad y valor? ¿A qué hora llega su primer recuerdo? ¿Cuando suena el despertador? ¿Con el café? ¿Cuando se mira al espejo y contempla sus dos ojos? ¿Nunca?

El hombre que disparó contra Ester Quintana sigue callado. Calló cuando supimos de la mutilación. Calló mientras sus mandos se zambullían en un barrizal de contradicciones, falsedades y viles tentativas de salir impunes. Calló mientras otros compañeros fueron acusados. Quizá le remuerda la culpa. Quizá se regodee en su silencio. Aunque lo niegue, su vida está ligada a la de Quintana. Él la convirtió en víctima y él es el culpable. Un culpable que se esconde. O al que esconden. Es posible que haya inventado mil excusas. Un armazón de pretextos. Estábamos agotados. La tensión era insoportable. Pudo haber sido cualquiera. Si confieso, ¿qué gano? Mi condena, la vergüenza para los míos, y a ella no le devolveré el ojo. Pero al fin, cada noche, cuando la oscuridad llega a él y a su víctima por igual, él sabe que está desnudo. Con su culpa.

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