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Messi, en fuera de juego

¿Está el Estado de derecho legitimado para escarmentar a sus ciudadanos? Rotundamente no

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¿Se sentará Messi finalmente en el banquillo por un delito fiscalMessi se lesionó el viernes en el partido Argentina-Honduras; esa podría ser una causa legítima para no acudir. Otra causa legítima para que el juicio durara diez minutos sería que, ante el pase a puerta vacía de la fiscal -siempre dispuesta a una sentencia de conformidad- el abogado del Estado rematara, se dejara de zarandajas y llegara a un pacto al que, por orden de sus jefes -no cabe otra explicación- se niega. O sea, que podría ser visto y no visto.

Decía que la fiscal ha presentado un escrito de acusación en el que disculpa a Messi jr., y a Messi sr. le pide tres penas de seis meses de prisión, es decir, una pena sumada, por lo general, de no ingreso. Más disposición al trato imposible. No es chalaneo: hay una condena real y efectiva, con sus penas, que han de ejecutarse, con antecedentes penales y otras consecuencias.

¿Por qué la otra acusación, la de la abogacía del Estado, hasta ahora no ha aceptado el pacto? Según dicen para dar un escarmiento. La pregunta salta automáticamente: ¿está el Estado de derecho legitimado para escarmentar a sus ciudadanos? Rotundamente no. Ese paternalismo punitivo -para calificarlo suavemente- es incompatible con los valores fundamentales del artículo 1.1 de -¡ay!- la Constitución que tan afanosa como sectariamente se blande en otros foros, a modo de ley del embudo.

EL ESCARMIENTO

Si un valor superior del ordenamiento jurídico, como reza el texto constitucional, es la justicia, ni la petición de pena ni la imposición de pena alguna puede servir de escarmiento. No estamos ante el padre severo que aplica un castigo al hijo por haber tocado el prohibido tarro de las golosinas. Dicho de otra manera: ¿quién es el Estado -o su abogado- para escarmentar a nadie? En un Estado democrático de derecho, claro.

Condenar a los Messi puede estar más que justificado -partiendo de la legitimidad de las pruebas y con un racionamiento adecuado-. Lo que no está justificado es utilizar el proceso como castigo añadido. Eso es pura doctrina de la 'Brigada Aranzadi'.Uno puede creer que Messi supiera o dejara de saber los manejos fiscales que con su firma ratificaba. Admitamos que lo desconocía: que no sabía qué impuestos había que satisfacer ni cuándo ni cómo. Esa es la tesis de la fiscal. No parece que su padre sea mucho más ducho en artificios susceptibles de generar evasiones fiscales; cuando menos exitosas, visto lo visto, no.

LOS ASESORES

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En todos estos procesos al 'famoseo' llama la atención que, aun sin necesidad de caer en una investigación de redes -que, como sabemos, las hay- no se haya imputado a los asesores de cada caso individual de defraudación. Désenos a cualquiera de nosotros un saco de millones de euros y dígasenos que tenemos un plazo de tres meses para ocultarlos al fisco; eso sí, sin recurrir a terceros. Misión imposible.

En vez de tanto escarmiento debería de traerse al pleito como imputados a los que en realidad han diseñado los mecanismos defraudadores y dejarse de demagogia punitiva. Y, también, como vengo propugnando desde hace mucho tiempo, crear el delito autónomo del asesor de la defraudación. Pero eso, en el paraíso fiscal que es España, es mucho pedir.