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ANÁLISIS

La alternativa Renzi

Rafael Vilasanjuan

Entre Silvio Berlusconi Beppe Grillo como figurantes de un vodevil italiano donde la polarización de voto y la ingobernabilidad fueron tendencia, Matteo Renzi en algo mas de dos años ha logrado abrir un hueco entre populismos de izquierda y de derecha. Salido de una operación fratricida en el Partido Demócrata, hasta entonces a la deriva, es pronto para hablar de éxito, pero no para reconocer que su llegada al Gobierno de Italia ha cambiado la agenda de un país que históricamente se percibía como ingobernable.

Renzi  fue la consecuencia de una de las etapas de mayor desconcierto político en Italia. Aupado por algunas acciones brillantes como alcalde de Florencia, su ascenso a primer ministro ha supuesto el inicio de una reforma que la izquierda empezó por considerar ajena y que sin embargo poco a poco ha ido ganando terreno y abriendo caminos alternativos a la la política sectaria que tenía paralizado al país. ¿Cuarta vía? Tal vez le falte toda la propaganda que permitió a Tony Blair bautizar la tercera como el camino pragmático de la izquierda, que a la postre se acabaría cargando la socialdemocracia en Europa. De esas cenizas nace el espacio que ahora intenta liderar Renzi en su país y por extensión en Europa.

Con su empeño por modernizar Italia, Renzi ha pasado una reforma laboral no menor, abaratando el despedido pero forzando a cambio a los empresarios a firmar contratos estables. Un paso tan arriesgado como la reforma del sistema político, que pactó junto a la derecha y que pretende poner fin a la inestabilidad histórica de los gobiernos en Roma. Aunque Berlusconi no haya desaparecido, en dos años Renzi ha conseguido recuperar para su país la credibilidad y la inversión extranjera y su figura empieza a proyectarse en Europa. En un momento en que Gran Bretaña se debate sobre la permanencia y Francia está despistada y abrumada por sus propios asuntos, Renzi habla de una alternativa a la Europa de Merkel. Mas allá del inmovilismo del Gobierno español y portugués o los intentos de revolución social griega con una economía quebrada, su propuesta es acabar con la visión unívoca de la austeridad alemana hacia el sur de Europa que solo alimenta populismos mientras aumenta la desigualdad.

Con un estilo hiperactivo e histriónico, tal vez propio del ADN italiano, Renzi avanza en una alternativa de proyecto por el que siga siendo útil estar unidos. Profundamente europeísta, es el único que desarrolla una visión desde los países del sur que presiona por igual para el reparto de refugiados y el aumento de la cooperación y la inversión en África, al tiempo que pide a Europa la misma rapidez en afrontar reformas que él aplica en Italia. Cuando Renzi asumió el poder dijo que Italia amaba su pasado, pero desconocía su futuro. Ahora que a Europa le sucede algo similar, Renzi propone acabar con las políticas de austeridad que abonan el populismo para utilizar el crecimiento como antídoto de desigualdades y convertir el capitalismo en un proyecto para servir a la sociedad y no al revés. Esa es la alternativa.