14 ago 2020

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opinión

Maltratar el profesorado de inglés de la UB es maltratar el futuro económico de Catalunya

José Rodríguez

Tenemos la imagen de la precariedad asociada a trabajadores poco calificados o con poca experiencia laboral. Los famosos núcleos de trabajadores excluídos del mercado laboral regular (y los del mercado laboral "B") pensamos que lo forman los jóvenes con contratos temporales, los mayores de 55 años cuyo sector laboral ha implosionado y personas sin estudios. Estas personas pasan por diversas formas de explotación laboral: encadenamiento de contratos temporales, contratación como falsos autónomos o incluso falsos cooperativistas. Los colectivos explotados incluso adquieren nombres propios "las kellys" (camareras de piso que cobran por debajo del SMI). También tenemos a los jóvenes que emigran para hacer de camareros en Londres, los transportistas que tiene que hacerse autónomos y poner su propio vehículo para terminar trabajando para un único proveedor, o el trabajador senior que ha sufrido un ERE de extinción laboral y que sobrevive con la ayuda de 465 euros y haciendo chapuzas.

Pero la imagen del explotado y el marginado laboral no solo se limita a estos perfiles. En la universidad también hay explotación laboral. Todos tenemos en mente los estudiantes de postdoc de casi 30 que hacen labores de investigación por una triste beca, pero el colectivo de explotados hay que  ampliarlo. Existe un colectivo de profesores que ya tienen veteranía pero que los actuales recortes, las malas decisiones de organización académica y los juegos de intereses intestinos de las propias universidades les han condenado a ser unos de los trabajadores peor pagados y en peores condiciones del mercado.

Estoy pensando en los profesores asociados de las universidades. Esta figura fue creada para que la universidad pudiera contratar  para labores únicamente de docencia a profesionales que puedan aportar su experiencia profesional externa a la de la academia a los grados universitarios. La idea a priori es muy buena, pero esa figura se ha convertido en la principal fuente de contratación irregular de las universidades. El contrato de asociado sirve para cubrir funciones docentes que requerirían de figuras contractuales más estables, pero además estos profesionales también hacen labores de investigación e incluso coordinación y gestión académica cuando su figura contractual en ningún caso contempla estas funciones.

Podría poner cientos de casos, pero el más sangrante que conozco y el que me parece más paradigmático es el que se muestra en esta carta al director hecha por el conjunto de profesores de Estudis Anglesos de la UB. En este caso 6 de cada 10 profesores de inglés son falsos asociados, es decir, profesionales que además de su labor docente (la única que reconocen sus contratos de asociado) también colaboran en la labor investigadora de la UB. Muchos de ellos o bien están acreditados como profesores investigadores por las agencias pertinentes (AQU en Catalunya y ANECA en España) o trabajan para ese reconocimiento investigando y publicando. Esa labor de investigación de la cual la UB y a la facultat de Filología se beneficia y que rinde en el prestigio de la universidad no es reconocida en ningún caso y esas personas dedican esas horas de trabajo investigador de forma gratuita.

La situación de la UB además es más sangrante, ya que es la universidad que paga menos a sus profesores asociados. Mientras en la UAB, UPC o UPF los asociados pueden cobrar hasta 18.000€ anuales brutos, en la UB están cobrando, por el mismo trabajo, 7.500€, ni un euro más. Esto está muy por debajo del SMI (9.100€). No estamos hablando de becarios ni estudiantes de doctorado, estamos hablando en muchos casos de académicos que llevan años trabajando en la universidad, con una trayectoria docente e investigadora y que están en los grupos de edad de más de 35 años. Son profesionales con bagage docente e investigador en plena capacidad productiva, que son explotados peor aún que los becarios o cualquier otro trabajador precario de los sectores donde más explotación existe.

En la mayoría de estudios universitarios hay profesores asociados; en algunos casos estos son reales (profesionales que simplemente colaboran en la actividad docente) pero en otros son falsos asociados. Pero en ningún caso hay un nivel de fraude tan alto como en el caso de los estudios de inglés de la UB 6 de cada 10 son falsos asociados, mientras la del resto de lenguas de la UB la tasa es de 4 de cada 10. Comparando además con otras universidades, los asociados en los estudios ingleses en la UAB, además de cobrar entre 11.500 y 18.000€, son solo 4 de cada 10. 

Podríamos quedarnos en la anécdota sobre que es un colectivo de profesores extraordinariamente, un drama de un colectivo pequeño si no fuera por la lengua que están enseñando. El inglés es esencial para la economía de cualquier país, incluida la catalana. Cada vez estamos exportando más y la economía catalana cada vez depende más del sector exterior. El nivel de inglés de nuestro país deja bastante que desear, y los responsables de elevarlo en las nuevas generaciones son los profesores de inglés de secundaria. Estos serán en buena parte los alumnos de los profesores de inglés de la UB. Si la principal universidad del país trata el inglés (y sus profesores) de esta manera está demostrando que su interés por la economía y la sociedad catalana es mínimo. 

Ya no es sólo una cuestión denunciable por la cuestión de explotación laboral, que lo es, y es sangrante. Se trata de si la UB hace el servicio social que necesitamos, y diría que en el tema del inglés no es el caso.