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Análisis

Genial noche de selfis

Jordi Mercader

La Nit dels Museus ya se ha convertido en una fiesta ciudadana de guardar

Un objetivo inmaculado como el de acercar los museos a la ciudadanía solo puede ser aplaudido. Aunque tampoco hace falta que nos dejemos llevar por ningún triunfalismo engañoso. El secreto de la sopa de ajo es el pan, el aprovechamiento del pan; la clave del éxito de la Nit dels Museus no son los museos, si no las colas, la satisfacción de sentirse actor de un fenómeno multitudinario, gratuito y cultural.

Los catalanes, y los barceloneses en particular, somos gente muy de hacer lo que nos dicen siempre que sea por una buena causa, tirarse a la piscina, participar en una 'pedalada' solidaria o lanzarse a la calle para llenar con nocturnidad y alegría las salas donde el arte descansa plácidamente el resto de las noches del año y todos sus días. Es la atracción irresistible por formar parte de la multitud disfrutando de la ciudad en una convocatoria de proyección internacional.

Los museos se viven igual de noche que de día, excepto tal vez el Botánic o el del castillo de Montjuïc, pero está claro que la política de puertas abiertas y el atractivo de las ofertas complementarias preparadas para el caso, sean poéticas, musicales o gastronómicas, constituyen todo un aliciente que asegura el éxito. Aunque la magnitud de este éxito no debería valorarse al día siguiente, si no en el momento del balance anual de venta de entradas de los museos.

Los de Barcelona rondan los seis millones de visitantes, pero, según aseguran los expertos, la mayoría de ellos no se corresponde con el público local, que es el gran ausente de los museos. Los turistas, esos incómodos revoltosos de la paz urbana, y la peregrinación patriótica al Born Centre de Cultura i Memòria se han erigido en los verdaderos salvadores de la estabilidad de nuestras estadísticas museísticas.

Es difícil valorar el efecto práctico de la Larga Noche de los Museos, celebrada por primera vez en Berlín en 1992, y tal vez no lo tenga, ni tan solo sea necesario que lo tuviera. El Macba suele ser el que recibe más visitantes con ocasión de este evento popular y nocturno, sin embargo, sus cifras de taquilla no mejoraron en el último año respecto al 2014. El Museo Dalí de Figueres también lleva un par de ejercicios empeorando ligeramente sus estadísticas, a pesar de programar visitas nocturnas de verano, aunque en este caso sean de pago. La Nit dels Museus no parece determinante, pero ya se ha convertido en una fiesta ciudadana de guardar, como debieron ser en su momento las Noches Blancas de San Petersburgo.

LAS COLAS SIN PRISAS

Esta será la noche de las colas sin prisas y de los selfis artísticos. Será genial, según la terminología dominante, importada de la traducción del 'great' omnipresente en el diálogo de las series americanas. Ahora lo relevante es estar en un sitio para compartirlo con los amigos digitales. Esta noche toca estar en alguno de los más de 90 museos que se han apuntado a la Nit, aunque en algún caso, como en el de la Fundación Vila Casas, habrá que andarse con cuidado para no molestar a los 'clochard' que duermen en el recinto.

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