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Mi hermosa lavandería

Un 'reality'

Isabel Coixet

Comprendo perfectamente que nadie vaya a tomar en serio esta propuesta. Es más, entendería que me llovieran las críticas y que se me calificara de frívola, inconsciente y hasta de sacrílega. Pero creo que el momento político que vivimos exige maneras diferentes de enfocar los problemas e impone la firme necesidad de que apliquemos el pensamiento lateral. Esto es, un modo creativo de afrontar lo que vendría a ser “la situación esta donde cuatro adultos no se ponen de acuerdo ni siquiera en la elección del bar donde quedar para tomar unas cañas”.

Ahí va: ¿no les parece que, antes de repetir las elecciones, con lo que cuestan al erario público y lo engorrosas que son –todos los que hayan pasado el día en una mesa electoral me entenderán–, una productora con experiencia en estas lides podría organizar un 'reality' donde los candidatos se vieran obligados a convivir durante, pongamos por caso, un par de semanas? ¿Se imaginan? Si quisiéramos emular el formato 'Supervivientes', no haría falta ni que fueran a una isla exótica, con las Columbretes ya nos valdría, que están aquí al lado. Tampoco haría falta una presentadora con un container lleno de bikinis: cualquier locutora con excedencia de Televisión Española podría servir.  Para el decorado de la palapa, un toldo de oferta de Leroy Merlin iría que ni pintado.

Por un momento traten de imaginar lo que podría ser: Rajoy, Iglesias, Sánchez y Rivera en bañador (Rajoy, más polo Lacoste, seguramente) o taparrabos, pescando, haciendo cabañitas, arrastrándose por la arena para conseguir un cuenco de arroz, añorando entre lágrimas a la familia, intentando abrir un coco tirándolo contra las rocas, contando batallitas alrededor del fuego... en fin, haciendo esa serie de cosas fascinantes que hacen los concursantes de los 'realities'. Filmados 24 horas al día por varias cámaras que recogen hasta los momentos íntimos, como  Rivera e Iglesias hablando de su pasión común por U2, o Sánchez sacando del agua a Rajoy cuando le entre una rampa.

En un momento dado, para darles una sorpresa a los concursantes, se puede enviar en una zodiac a Alberto Garzón con un saquito de lentejas o algo  por el estilo. La gente no tendría más que nominar cada tres días al candidato que no esté a la altura de las circunstancias e irlos expulsando de la isla hasta que no quedara más que uno, y ya directo a la Moncloa.

Sé que lo que propongo no es exactamente democrático. Pero tampoco es pura democracia que los que dicen querer cambiar el país empiecen por no saber cambiar ellos mismos. Por una vez al menos, con mi propuesta tendríamos un conocimiento más exacto de quiénes son de verdad los que tienen entre manos nuestro futuro, más allá de discursos, ponencias, declaraciones y buenas palabras. ¡Ah!, y tengo hasta el título. ¿Qué les parece 'Moncloa shore'?