10 ago 2020

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OPINIÓN

Mucho IRPF y pocas nueces

Salvador Sabrià

En el debate sobre la subida o no de impuestos pesa más el símbolo que el dinero

Los impuestos han vuelto a colocarse en la mesa del debate político en Catalunya. Y concretamente el IRPF y los posibles cambios que se pueden introducir en este tributo en los futuros presupuestos de la Generalitat del 2016, si es que llegan a aprobarse. Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) y Convergència Democràtica de Catalunya (CDC), la primera en auge y la segunda en pleno debate sobre su razón de ser, se han enzarzado en una batalla para marcar posiciones ante sus posibles votantes utilizando como arma la capacidad normativa del Govern para modificar el impuesto de la renta.

En el debate sobre la subida o no de impuestos pesa más el símbolo que el dinero

Entraron juntos en el Govern con Junts pel Sí, pero desde entonces han vuelto a presentarse por separado ante las urnas. Y ahora se trata de volver a diferenciarse. El color lo ponen los tributos, que se han convertido en un símbolo, aunque en realidad haya poco dinero en juego. El compromiso de ambos era no incrementar la presión fiscal, y por ello, sobre el papel, CDC se opone a cualquier subida del IRPF al tramo de ingresos que sea. ERC juega la baza del reequilibrio fiscal, de un reparto más justo de la carga impositiva del IRPF, con propuestas para variar todos los tramos para que todo siga igual, es decir, sin aumentar los ingresos recaudados. Se trata de marcar perfil y de facilitar los apoyos necesarios para aprobar unos presupuestos para los que no tiene votos suficientes y solo puede contar con los apoyos de los escaños situados a la izquierda del ejecutivo.


En realidad puede que se esté hablando de unos 40 millones que dejarán de pagar unos y cotizarán de más otros. Un debate caliente que deja de lado otras medidas que ya incluye el borrador de la ley de acompañamiento, con mucho menos impacto mediatico pero con elevados costes. Como por ejemplo la creación de la Agència Catalana de Ciberseguretat, que costará unos cinco millones más al año de lo que se dedica ahora a esta actividad. O el cambio en la tasa que pagan los municipios para el depósito e incineración de residuos, con las que el Govern espera recaudar nueve millones más al año y que los ayuntamientos perderán de sus arcas. En estos casos, hay más euros que nueces.   Junqueras pide realismo para aprobar las cuentas y recuerda que situar el tipo del impuesto sobre la renta en el nivel más bajo para los menores ingresos puede llegar a costar más de 500 millones de euros anuales y no está la caja para estos sustos. O sea que, en realidad y en euros, se trata más de demostrar que se opta por apretar más a los que declaran más ingresos (que no tienen porque ser a la vez los más ricos, ya que estos tienen otras vías para escaquearse del fisco) y buscar más justicia redistributiva.