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Editorial

Simulacro de constitución catalana

Vaya por delante que en un país libre todo ciudadano tiene derecho a escribir, solo o en compañía, aquello que le plazca. Si eso le parece susceptible de ser trasladado a un texto legal, tiene sus cauces para hacerlo. Puede optar por promover una Iniciativa Legislativa Popular (ILP), para que el parlamento la tome en consideración, o puede dirigirse a un grupo de diputados para que lo hagan suyo y lo tramiten. Si lo que pretende es hacer una contribución a un hipotético escenario futuro hará bien en debatirlo con quienes comparta tal anhelo, perfeccionarlo, hacer todas las versiones imaginables, promover debates y tratar de darles toda la publicidad posible.

Pero lo que no vale es utilizar las instituciones, que se deben a un ordenamiento legal y democrático, como altavoz de una simulación que poco tiene que ver con la realidad; que la presidenta del Parlament reciba con todo el protocolo oficial , como hizo ayer, a los miembros de la entidad Constituïm como si el boceto del texto de constitución de una pretendida república catalana respondiera a un mandato legal. Una vez más, los promotores del 'procés' siguen con el juego de realidad virtual, que esconde sus carencias. Ahora toca redactar textos para simular que se llenan de contenido los 18 meses de plazo para la 'desconexión' sin abordar las cuestiones reales que afectan a los ciudadanos.

Y solo una pregunta final: ¿Recibiría Carme Forcadell a los promotores particulares de un Estatut más limitado que el vigente?

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