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Ignacio García Bercero con Ana Pastor en Bruselas (El objetivo).

Negocios sin luz ni taquígrafos

Ferran Monegal

Si algo nos ha quedado claro después de ver el viaje de Ana Pastor a Bruselas ('El objetivo', La Sexta) ha sido que el fabuloso tratado de libre comercio entre la UE y EEUU (TTIP), que ahora se está cocinando, es un tipo de gastronomía opaca y secretísima. Es como ir al restaurante y pagar por no saber lo que comes. Decía Ana Pastor, absolutamente sorprendida: «Los eurodiputados van a tener que votar algo que no conocen. Votarán sin saber lo que votan». Su conversación con el gran chef de esta negociación por parte europea, el español Ignacio García Bercero, a pesar de intentar tranquilizarnos, sembró más dudas al respecto. Durante todo su periplo por Bruselas, Ana se encontró aprisionada entre dos muros tremendos: los muchos que exigen información, o sea, que no la tienen, y los poquísimos que la poseen, pero que la esconden. Podría parecer, pues, que el viaje de Ana ha sido estéril. Todo lo contrario. Su programa nos ha enseñado algo tremendo. Lo sintetizó otro de sus entrevistados: «Antes que la información, están los negocios». ¡Ah! Esta música en España ya la conocemos bien. Si alguno de ustedes está interesado en conocer de donde vienen estos lodos opacos, oscuros y densos, consulte en el portal Sin Permiso el magistral apunte Capitalismo degenerativo: breve crónica del mayor robo jamás perpetrado, del profesor Andrés Piqueras de la Universitat Jaume I de Castelló.

RAÍCES .- Seguimos en casa desde hace tres semanas el programa 'Arrelats' de TV-3. Ernest Folch lo conduce con mucha elegancia y respeto. Su propósito es conversar con criaturas que, habiendo nacido fuera de Catalunya, han triunfado aquí. ¡Ah! Temimos lo peor. Podía haber sido un ejercicio muy enfermizo, según como se hubiera abordado. Ya sabemos cómo se las gasta últimamente TV-3 con este tipo de caricias. Pero no es enfermizo, ni conlleva intención de doctrina narcisista sobre el fet catalá. Lo celebro muchísimo. Esta semana Folch se llevó a Javier Cercas a su pueblo natal, Ibahernando, en Extremadura. Fue con su madre. Le decía: «Muchas veces pregunté a papá por qué os fuisteis. Erais los ricos del pueblo, teníais tierras.... Y él siempre contestaba: 'Porque aquí no había futuro'». Luego Cercas tuvo un instante de gran intensidad, cuando advirtió: «Yo me avergonzaba de este origen. Luego, de mayor, lo comprendí». Y en sus ojos apareció un dolor en forma húmeda. ¡Ah! Fue un momento de gran valentía.

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