04 jul 2020

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LUTO EN EL CINE ESPAÑOL

El incondicional Ángel de Andrés

Juan Cruz

De la misma forma que se nos apareció se nos fue. Era la hora del café de un domingo por la tarde, Jose Corbacho, Luisa Matienzo y un servidor estábamos en el Snooker, un bar del Eixample barcelonés hablando de él, queríamos que fuera Lolo en 'Tapas', nuestra primera película. De pronto, la puerta del bar se abrió y apareció. Sí, apareció. Él: Ángel de Andrés.

No dábamos crédito. Pero eso es lo que sucede cuando la realidad de manera caprichosa se cruza con la ficción. Esa tarde --como hoy-- jugaba el Madrid y se había bajado de los 'Platillos Volantes' de Óscar Aibar en busca de una generosa pantalla para ver el partido.

Una cosa, una de tantas, que nos divertía de Ángel --y que sufrimos en carnes propias-- era esa entrada áspera que tenía. Antipático de cojones. Un borde. Así que en esa, nuestra primera maniobra de aproximación, sentimos que lo que la casualidad nos había regalado se nos iba inevitablemente por el coladero de los deseos. Luego, con la cercanía que te da el tiempo, te das cuenta de que esa actitud no era más que un escudo protector que intentaba salvaguardar --posiblemente de su enorme popularidad-- una auténtica reserva natural de bondad y amor. De esa
bondad y de ese amor que es, por siempre, incondicional.

Se subió a los escenarios siendo un niño. En la primera reunión que tuvimos con él nos trajo su currículo impreso en papel. Era así. Inmenso para todo. Hojeando aquella vida a páginas, intuimos dos cosas: que éramos unos incautos y que la desforestación del planeta era un hecho si iba repartiendo sus hazañas impresas con tanta alegría.

Si bien es cierto que la retina colectiva se contrae con el chapuzas que encarnó en Manolo y Benito, la vasta y prolífica carrera de Ángel de Andrés tenía en teatro, televisión o cine la capilaridad del Amazonas: 'Aquí no paga nadie', 'Macbeth', 'El retablo de las maravillas', '¿Qué he hecho yo para merecer esto?', '800 balas', 'Taxi', 'Carlos, Rey Emperador'; 'Platos rotos'...

Para que se hagan una idea de qué tipo de actor era Ángel de Andrés decirles que en muchas ocasiones --en esas eternas esperas del cine o de la televisión entre secuencia y secuencia-- se quedaba dormido en una silla. Pero cuando llegaba el momento de entrar en acción, se levantaba, iba hasta la marca y lo clavaba a la primera, volvía a la silla y cogía de nuevo el sueño. Era tan grande que era capaz de ensayar y pasar el texto dormido. 

"Mira a ver qué están haciendo los chicos", le decía a José Triana, su representante y amigo. Éramos sus chicos. "Le disteis tanta alegría con la película y la serie". A muchos puede que les parezca inoportuno resaltarlo, pero 'Pelotas' se gestó gracias a él que llegó un día al rodaje de 'Tapas' y nos dijo: "El chino y yo tenemos que hacer una serie. Pensad algo, joder. Tanta cabeza que tenéis...".

Por Triana, supimos hace unos días que vivía un momento dulce, que se había tomado muy en serio lo de la salud, que había adelgazado 40 kilos, que el amor había vuelto para cogerlo muy fuerte de la mano, que caminaba feliz, que todo iba bien.

Por eso... por eso, Ángel de Andrés López, nos ha pillado tan desprevenidos que te hayas ido así. Tan desprevenidos como aquella tarde de domingo en la que apareciste por aquel bar de carambola.