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La rueda

Reformismo lampedusiano

Enric Marín

La laberíntica realidad de intereses cruzados tejida en 35 años evita la regeneración endógena

La política española está fuertemente condicionada por tres crisis sistémicas interdependientes: la del modelo económico, la institucional y la de la articulación territorial. Las tres agravadas por una corrupción que también se ha convertido sistémica. Era de esperar, pues, que los meses transcurridos desde el 20-D hubieran servido para afinar el diagnóstico y discutir sobre cómo afrontar la situación. Pero no.

Sobre el modelo económico y la crisis institucional, vaguedades. Sobre el debate territorial, nada. Las cartas han estado marcadas todo el tiempo y ahora, cara al 26-J, la única novedad significativa será la probable alianza electoral entre Podemos e IU. El tíquet electoral Iglesias-Garzón puede tener dos efectos: acelerar el 'efecto Pasok' en el PSOE y activar el voto útil de la derecha alrededor del PP.

Sea como sea, el día después del 26-J se habrá acabado el tiempo de la comedia. La presión para activar pactos de gobierno entre los partidos que conforman el bloque dinástico pesará más que las ambiciones personales de RajoyRivera o Sánchez. Quien lo tiene peor es Sánchez. La sombra conjunta del Ibex y la líder del socialismo meridional resulta demasiado alargada.

El gobierno que salga de las nuevas elecciones estará muy condicionado por la evolución negativa del déficit y de la deuda y se deberá presentar como reformista. Pero será un reformismo lampedusiano: que algo cambie para que todo siga básicamente igual. La laberíntica realidad de intereses cruzados que ha tejido la política española en los últimos 35 años ahoga la capacidad de regeneración endógena. Y el bloqueo mental ante el soberanismo catalán refuerza el autismo de un sistema político y mediático madrileño, que ni quiere ni puede asumir las consecuencias de reconocer el hecho nacional catalán y la realidad compuesta del Estado.

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