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Detrás del registro aéreo de pasajeros

Josep-Francesc Valls

Una normativización excesiva en los aeropuertos conducirá a soluciones caras e ineficientes

La seguridad, qué duda cabe, se configura como uno de los dos componentes básicos de la aviación comercial contemporánea de pasajeros. El otro es la rapidez. Si no se tuvieran en cuenta todos los aspectos relacionados con la seguridad, no solo resultaría arriesgado el vuelo sino que se volatilizaría todo el negocio aéreo. No hay que regatear ningún recurso técnico y tecnológico, de conocimiento y humano, para asegurar un traslado aéreo que, además de rápido, sea seguro.

Pero junto a estos dos aspectos básicos, el viaje es algo más. No es lo mismo transportar mercancías que mover personas. Lo primero requiere que nada se rompa y se mantengan intactas las propiedades de las mercancías en tránsito. Lo segundo es un servicio. Además de rapidez y seguridad, se requiere una serie de factores inherentes a la buena experiencia del viaje. Como la limpieza, la confortabilidad, la acogida, la resolución de los problemas y de las excepciones, la accesibilidad, la conectividad, la información... Y otros más, como la confianza en la aerolínea, la eficiencia, los servicios, el espacio confortable sin colas ni agobios ni atrasos, el adecuado tiempo de espera, incluso el factor sorpresa.Cada aerolínea crea su mix más o menos lujoso, más o menos low cost.

UNA RETAHÍLA DE DATOS A CONSERVAR

¿Debe ir la seguridad por delante de todo? Viene esto al caso a raíz de la decisión de la Eurocámara de crear un registro europeo de datos de pasajeros aéreos para seguir el rastro de los terroristas. Los recientes y dolorosos atentados de los yihadistas en París y Bruselas han superado las solventes reticencias de los europarlamentarios desde el 2011. Por encima del derecho a la privacidad de los pasajeros. Y manteniendo una parafernalia de controles adicionales.

Es verdad que con el PNR (registro de nombres de los pasajeros, en sus siglas en inglés) en marcha tampoco se habría capturado a los terroristas de París y Bruselas, porque usaron relativamente poco el avión. Ni notaríamos tampoco muchas más molestias al ir a subir al avión, que no son pocas. Pero ¿para qué se necesitan el nombre, la dirección, la fecha del viaje, el itinerario, el número de maletas, el pago del billete, el asiento asignado, si el viajero va solo o acompañado, si efectúa escalas, la agencia de viajes donde adquirió el pasaje o la dirección IP si se realizó a través de internet... todo eso archivado durante cinco años por las compañías aéreas? No dudamos de que se vaya a ejercer un control exhaustivo sobre el almacenamiento de estos datos personales. Podrán ser consultados por los gobiernos. Los coordinarán. Y establecerán un registro que mejore la eficiencia en el control del terrorismo internacional, del tráfico de seres humanos, del comercio de órganos, de la pornografía infantil, del tráfico de drogas, de las armas, de los explosivos, del cibercrimen y de toda serie de delitos relacionados con el movimiento de capitales y con todo.

MENOS ESPIONAJE DE PROXIMIDAD

Cuando contemplamos tantos recursos, tanto talento, tantos esfuerzos, puestos al servicio del PNR, me viene a la mente lo que decía Eliseo Oliveras recientemente (EL PERIÓDICO, 16 de abril) sobre «el fetichismo del espionaje electrónico en detrimento del espionaje humano de proximidad y de la capacidad de análisis de los datos relevantes». Más descontrol y fugas de big data, más militarización de la vida cotidiana y muchos más negocios privados a costa del tráfico de datos. Un día de estos recibiremos publicidad en el móvil ofreciendo cualquier cosa gracias a los datos inscritos en el PNR.

Imagínense si, para un mejor control de la cosa, el Parlamento Europeo se ve forzado un día a implantar el PNR en los viajes en AVE, en automóvil privado, en moto, en bicicleta, en los cruceros... ¿y por qué no a pie? ¿Quién paga todo esto? Si la seguridad aérea en aeropuertos y en vuelo nos cuesta un 20% más que en otros transportes como la alta velocidad, hagamos cálculos del sobrecoste del transporte en este escenario de superseguridad, supercontrol, superbases de datos, supermensajes publicitarios...

DESANDAR LO ANDADO

Por otra parte, si el viaje, además de seguro, es un servicio como queda dicho, ¿qué ocurriría si los lobis de los negocios de la limpieza, de la confortabilidad, etcétera, exigieran un nivel semejante de rigor como con la seguridad? ¿Podríamos soportar el sobreprecio del billete aéreo que acarrearían semejantes exigencias?

La normativización excesiva conduce a soluciones caras e ineficientes. Los acuerdos de Schengen nunca desmantelaron las medidas de seguridad en Europa. Al contrario, el espionaje humano de proximidad perfeccionó sus instrumentos. Ahora que muchos de estos países han suspendido sus acuerdos, parece como si tras la decisión de la Eurocámara desandáramos lo andado para ir a no se sabe dónde en asuntos de seguridad. 

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